miércoles, 2 de marzo de 2016

El bebedor de vino de palma


Se ha acusado a la industria editorial de intentar acallar a la literatura africana. Pocas apuestan por autores del África subsahariana y otros muchos afirman, con algo de razón, que Couto, Gordimer, Coetzee o Chimamanda Ngozi Adichie no son la verdadera voz de un continente que no acepta generalizaciones.

Navona deja de lado el primer mundo para buscar una nueva apuesta para su colección de Ineludibles y presenta El bebedor de vino de palma como un clásico que merece ser resucitado. Amos Tutuola es considerado por muchos el precursor de la literatura africana y era reverenciado por escritores como Wole Soyinka o Chinua Achebe.

Las primeras páginas presentan a un insólito personaje, “el padre de los dioses que todo lo puede en el mundo”, ávido bebedor que, enloquecido, necesita hacer regresar a su sangrador de vino de palma de la muerte. Para ello inicia un viaje a través de mil caminos en los que se cruza con magos, brujas, espíritus y hechizos.

Logra en las primeras páginas sumergir al lector en una atmósfera tribal y salvaje. Su originalidad hace que brevemente interese ese relato oral, que parece ser una historia secreta contada de padres a hijos. Pero cuando desaparece la sensación de novedad, cuando se repite una y otra vez la misma mecánica, es innegable la ausencia de la verdadera literatura. Tutuola simplemente presentó al mundo tradiciones y culturas silenciadas hasta entonces, no hay rastro de la tan mentada renovación estilística. La trama mareante acaba por convertirse en el peor enemigo de esta breve novela.

El bebedor de vino de palma recuerda a Amor por un puñado de pelos, de Mohamed Mrabet, autobiografía de un chico de la calle tangerino que fue transcrita y lanzada al estrellado por Paul Bowles. El siglo XX hizo que muchos occidentales descubrieran otras partes del mundo y que se maravillaran ante formas artísticas nunca antes vistas. La historia de Mrabet, mejor en su desarrollo, ha envejecido, como el libro de Tutuola, con el paso del tiempo. El realismo mágico africano, al igual que el latinoamericano, tristemente no es eterno.

El bebedor de vino de palma, Amos Tutuola
Traducción: José Rodríguez-Feo
Navona (Los Ineludibles), 2016










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