lunes, 28 de septiembre de 2015

Ensayos bárbaros



Soler, fiel cronista de este tiempo, disecciona la Europa contemporánea y esta sociedad devorada por el exceso de información, el culto a lo colectivo y la velocidad. En apenas cinco páginas construye píldoras de sabiduría, agudas reflexiones que muchos podríamos plantearnos si nos detuviéramos tan solo unos minutos.

Cada uno de sus textos merecen un comentario pero se agradece a Soler que recupere episodios que parecen haber sido sepultados por la historia oficial. La Europa mohosa es un recordatorio escalofriante del sufrimiento de miles de republicanos españoles que languidecieron en campos de concentración en Francia, país que demostró a sus incómodos vecinos que para ellos no había allí ni libertad, ni igualdad, y mucho menos fraternidad. Soler, nieto de esos españoles, recupera esa terrible parte de la historia europea, no tan solo española, y la inscripción de una estatua en el pueblo de Argelès-sur-Mer, “Su desgracia haber luchado para defender la Democracia y la República contra el fascismo en España de 1936 a 1939. Hombre libre, acuérdate”.

Soler toma el pasado, la Guerra Civil, el exilio de los republicanos en México, el movimiento zapatista o la crisis económica que aún sufrimos como herramientas para construir el futuro. Incide en la solidaridad y la creatividad surgidas en los últimos años, y tiene razón al temer su desaparición cuando se cumplan los objetivos de recuperación.

Ciudadano de ambos lados del océano, reproduce realmente lo que es Europa, los fallos de esta unión que no debería ser tan solo económica, subraya las particularidades de los países del Mediterráneo y la importancia de mantenerlas con vida.

Montaigne, Balzac, Orwell, Joyce o Pla pueblan esta páginas y conviven con el subcomandante Marcos, con la vida saludable o con Facebook. Construye una fuerte columna vertical que dota de gran unidad a estos ensayos bárbaros y tremendamente lúcidos. Una lectura que fluye, que parece ser interiorizada sin apenas esfuerzo –ni resistencia- y que deja una huella que nos ayudaría, si de verdad quisiésemos, a pensar sin injerencias.

Ensayos bárbaros, Jordi Soler
Círculo de Tiza, 2015




lunes, 21 de septiembre de 2015

La resta


Tanto la literatura como el cine chilenos hacen de las soledades y las heridas del pasado el escenario perfecto para tramas que podrían desarrollarse, sin sensación de asfixia alguna, en los escasos metros cuadrados de una pequeña habitación.

Es desgarrador contar víctimas, directas y colaterales, de un régimen que cada once de septiembre despierta algunos de los peores recuerdos del pasado siglo. Pero más difícil aún que contar por miles esas víctimas es enumerarlas con nombres, apellidos e historias familiares.

La juventud de Trabucco imprime un nuevo dolor a ese terrible periodo, el de los hijos de desaparecidos, encarcelados o exiliados. La repatriación del cadáver de una antigua militante contraria a la dictadura reúne a Paloma, Felipe e Iquela. El frecuentemente apocalíptico clima de Santiago, que cubre puntualmente cada cierto tiempo la capital de ceniza, hace que el féretro acabe en un punto casi aislado de la vecina Argentina. Un episodio que inaugura un road trip, duro y en ocasiones hilarante, como solo puede ser la realidad latinoamericana.

Iquela y Felipe entonan dos monólogos casi hipnóticos. Iquela, con gran sobriedad, rememora la historia común de ambos, desde que en su infancia les unió la pérdida y el dolor. Iquela entiende el peso de ese pasado y cómo este ha determinado su presente. Y cómo también la ha privado de la fascinación que siente el resto de esa ciudad cubierta de cenizas por un futuro casi siempre desolador.

Felipe da rienda suelta a sus más íntimas obsesiones. Su delirio contrasta con la contención de Iquela, quien se convierte en su necesario contrapeso. Trabucco construye dos excelentes narradores y sorprende con registros muy distintos. Sin embargo, ciertas diatribas de Felipe pierden algo el pulso. El maremágnum de reflexiones y confesiones puede resultar excesivo.

Aun así, La resta presenta a una escritora sólida, con un gran dominio del lenguaje, de los personajes  y que, a pesar de su juventud, da una rompedora lección sobre la tan manida memoria histórica.

La resta, Alia Trabucco

Demipage, 2015

jueves, 3 de septiembre de 2015

La familia Karnowsky


En Israel Yehoshua Singer se aúnan la tradición literaria centroeuropea y la narrativa estadounidense de la primera mitad del siglo XX. Israel, que acabó siendo opacado por su exitoso hermano menor, el Premio Nobel de Literatura Isaac Bashevis Singer, toma como protagonistas de esta novela a tres generaciones de una familia judía, los Karnowsky, que abandonan Polonia para establecerse en Berlín y finalmente acabar desterrados en el nuevo mundo.

El mercado editorial está tristemente saturado de novelas ambientadas en la Segunda Guerra Mundial. Esta saturación hace que muchos lectores, entre los que me encuentro, desconfíen de la calidad de textos misteriosamente recuperados y, aún más, de novelas escritas por autores contemporáneos que ni tan siquiera se han documentado.

La publicación por Acantilado de La familia Karnowsky prometía las mismas coordenadas pero nada más adentrarse en la Berlín judía de dicha saga, junto a sus amistades, enemigos y vecinos, se descubre que Israel Yehoshua Singer deseó, en este libro escrito en yiddish, presentar un universo hasta entonces poco conocido. Las rencillas dentro de la propia comunidad judía, los estudios religiosos, las ambiciones sin distinción de credo, y, sobre todo, los conflictos de identidad que sufrieron los hijos de matrimonios mixtos. Singer retrata con especial crudeza un Berlín en ruinas tras la Gran Guerra y cómo los avances sociales, científicos y tecnológicos fueron borrados de un plumazo.

Los enfrentamientos entre los Karnowsky encarnan la transición entre dos épocas y Singer enfatiza que la reconciliación solo llegaba en muchas ocasiones cuando no había otra salida que la muerte o el exilio. Israel, fallecido a principios de 1944, no llegó a ver la victoria de los aliados ni el Nobel concedido en 1977 a su hermano. Su prematura muerte privó a los lectores de conocer sus impresiones sobre la posguerra y, por qué no, tal y como hicieron otros novelistas de origen judío como Bernard Malamud, sus reflexiones sobre Estados Unidos.

La familia Karnowsky destaca por la originalidad de su enfoque; pero el final apresurado, que deja muchas de sus subtramas sin cerrar, resta calidad a esta interesante novela. Ojalá Singer hubiera prestado una mayor atención a la construcción, al cierre y al estilo.


La familia Karnowsky, Israel Yehoshua Singer
Traducción: Rhoda Henelde & Jacob Abecasis
Acantilado, 2015