jueves, 30 de abril de 2015

El arte de la fuga


Alejarse de los nuestros, de los recuerdos, de la más inmediata fuente de inspiración es una difícil prueba no solo para escritores noveles sino también para autores consagrados. Después de saldar cuentas con el pasado o dejar que la imaginación sea la que reconstruya historias que solo hemos heredado se corre el riesgo de construir débiles tramas y de, incluso, hacer tambalear el estilo.

Vicente Valero tenía un ingrato reto por delante después de la exquisita Los extraños. A los seguidores de su poesía se sumaron otros muchos que quedaron cautivados por su cuidadísima prosa y por las vidas cruzadas contadas en su primera incursión en la narrativa. Seguidores que desde entonces marcaron la fecha de publicación de este nuevo libro en el calendario.

En El arte de la fuga Valero narra breves episodios de las vidas de San Juan de la Cruz, Friedich Hölderlin y Fernando Pessoa. Las últimas horas del santo, un durísimo viaje del poeta y la creación por parte del más famoso lisboeta de uno de sus inolvidables heterónimos. Personajes históricos opuestos entre sí con los que Valero podría haber cautivado a distintos lectores.

Su prosa casi lírica encajaba a la perfección con el ambiente de Los extraños, con la concatenación de recuerdos y de reflexiones. Sin embargo, esa magia no se encuentra en El arte a la fuga. El lector no siente esas historias como suyas, no es partícipe del viaje, del camino hacia la muerte o de las dudas creativas del escritor. Asiste como mero espectador; hay una distancia a la que Valero no debería acostumbrarnos. La literatura es mucho más que un deslumbrante estilo.

El arte de la fuga, Vicente Valero

Periférica, 2015

martes, 28 de abril de 2015

Cicatriz



En esta obra con trazas de modernidad Sara Mesa recupera dos ingredientes muy arraigados en la literatura: la novela epistolar, esta vez en un mundo 2.0, y el mito de Pigmalión.

En una época de mimetismos, de falta de originalidad, en una época en la que los aplausos han sido sustituidos por los retweets, Sara Mesa toma a dos inquietantes personajes para retratar la soledad, el declive de la pareja y la doble vida virtual. Mesa se lo juega todo a estos dos protagonistas, Sonia y Knut, quienes arrastran al lector por esta distinta y convincente novela.

Acierta al alejarse de la corriente mayoritaria de la literatura española contemporánea al desprenderse de lo social para sumergirse en lo individual, consecuencia directa del aislamiento propiciado por el tan criticado sistema actual.

Aunque a través de la relación de Knut y Sonia Mesa quiere hablar también del consumismo lo realmente importante son la huida que emprende cada uno de los dos jóvenes de su realidad y la espiral de obsesiones que cada uno de nosotros vive dentro y fuera del mundo virtual. La aceptación ya no viene de nuestro círculo más íntimo. En un mundo de inseguridades nos basta con un like desconocido. 

El lector rápidamente queda ensimismado dentro de la asfixiante atmósfera en la que viven Knut y Sonia. Cicatriz está llena de giros acertados, pero también de algún que otro paso en falso.

Mesa casi redondea esta novela que la hace destacar sobre sus contemporáneas. Su prosa certera, cuidada, con pasajes que merecen una relectura y un final bastante logrado reafirman el paso de Mesa hacia la verdadera literatura. Cicatriz es una muy interesante novela, pero para mí es sobre todo la confirmación de una expectativa.

Cicatriz, Sara Mesa

Anagrama, 2015

martes, 21 de abril de 2015

Memoria por correspondencia


Tras años de búsqueda de una voz contemporánea femenina dentro de la literatura colombiana fue una pintora y bordadora nacida a principios del siglo XX la que consiguió retratar ese país rico y convulso como pocos desde la mirada de una mujer.

Las cartas que Emma Reyes intercambió a lo largo de toda una vida con Germán Arciniegas pintan una Bogotá desigual y provinciana, retratan la dolorosísima realidad de los conventos en los que aún se vivía bajo el yugo de los retazos de un colonialismo católico. Asimismo, habla sobre la supervivencia de los menos favorecidos, que años más tarde venerarían al político liberal Jorge Eliecer Gaitán, que fue objeto de un magnicidio. Crimen que desencadenó el periodo de la Violencia, cuyos efectos colaterales aún se debaten, según algunos, en La Habana.

Emma niña hace suya la picaresca de sus ancestros si desea sobrevivir en ciudades secundarias, alejadas no solo en el espacio, sino sobre todo en el tiempo. La voz de Emma descubre a una mujer educada a sí misma, que aún conserva ciertos visos de su analfabetismo, una pintora vanguardista y una visionaria que supo entender que para triunfar y desprenderse de sus recuerdos debía viajar al otro lado del mundo.

Emma Reyes se emparenta con la protagonista de Las primas, de Aurora Venturini. Voces descarnadas que rechazan los artificios para recrear historias con una fuerza inusitada. La historia de Emma Reyes, espléndidamente reconstruida y recuperada por Camilo Otero, de la Fundación Arte Vivo Otero Herrera, con sedes en Cali y Málaga, no solo presenta al lector un país alejado de cualquier tipo de realismo mágico. Redescubre la belleza de un castellano ya prostituido, pero que, a pesar de sus errores, recupera una tradición epistolar que tristemente casi ya ha desaparecido.

Memoria por correspondencia es un pequeño libro al que deseo el mismo éxito que tuvo en Colombia, que se convirtió en objeto de culto gracias al boca a boca. Libros del Asteroide toma el relevo de la editorial bogotana Laguna Libros. Leí esa edición de 2012 y me alegra saber que los lectores españoles cuentan ya con otra más cuidada. Lo que merecen estas maravillosas cartas de una mujer que nunca debió caer en el olvido.

Memoria por correspondencia, Emma Reyes
Libros del Asteroide, 2015
Laguna Libros, 2012


jueves, 16 de abril de 2015

Los libros repentinos


El reencuentro con un amor platónico o un amigo de la infancia idealizado es apasionante a la par que arriesgado. El paso de los años hace que los galanes pierdan pelo y ganen barriga, y que se desvanezca cualquier rastro de complicidad con nuestros antiguos compañeros de aventuras.

Después del descubrimiento que fue Nada es crucial, obra singular y mayúscula de la literatura española de este siglo, los lectores que aún seguíamos prendados de Magui y Lecu nos acercamos con recelo a Los libros repentinos. La anterior novela de Gutiérrez, Democracia, fue su personal testimonio sobre una crisis que tal vez se haya enraizado demasiado en la mente de los escritores contemporáneos. Aunque muchos autores no pueden desligarse del compromiso que tienen con su tiempo esta inmersión social y política a veces deja sus textos malheridos.

En Los libros repentinos Gutiérrez sumerge de una vez al lector en la asfixiante y vívida realidad del extrarradio. Renuncia a su habitual inicio que recuerda a quien lo lee que está ante una prosa única, exigente, que es puro deleite.

Esta vez Gutiérrez deja de lado a los nacidos después de los años setenta para elegir como protagonista a una viuda que parece mucho mayor de lo que realmente es. Y es que la vida en ese descampado rápida y torpemente acondicionado deja poco espacio para cirugías, dietas y meses de descanso.

Gutiérrez acompaña a Reme desde su adolescencia, hija de la moral de la posguerra, a los crueles años ochenta, a los descontrolados noventa y a un siglo que trajo consigo una nueva hecatombe para los siempre más desfavorecidos. Doña Reme es despojada de todas las características que harían de ella una matriarca más del sur de España. Es una adolescente sexualmente despierta, una antaño soñadora, una madre y mujer casi autómata que se convierte contra su voluntad en la líder de una revuelta. A su lado encontramos a Robe, descendiente de todos los personajes jóvenes y masculinos de Gutiérrez. El autor de Nada es crucial vuelve a demostrar que es un brillante creador de personajes y el mejor retratista de los núcleos de población de este tiempo.  Rescata a dos grises habitantes del barrio y comienza a tejer una maravillosa historia de amor, que podría haber sido una de las partes más ricas de la novela, pero sorprendentemente los deja de lado.

La revolución de Reme, pintoresca y casi cinematográfica, pierde cierta fuerza cuando irrumpen en ella los movimientos sociales presentes hoy en día en cada protesta. Pero Gutiérrez recupera rápidamente el pulso y se centra en esta época de colectividades en sus solitarios personajes. 

Aunque su estilo y ambientación recuerde a una novela urbana, rápida y casi generacional, no se dejen llevar a engaños. Los libros repentinos aconseja una lectura lenta, releyendo muchos pasajes para deleitarnos. Un ejercicio que no debería tener un final algo apresurado. Gutiérrez vuelve a correr hacia el cierre de su propia historia sin mirar atrás, haciendo tambalear la estructura que tan bien ha armado. A pesar de ello Los libros repentinos será sin duda uno de las mejores novelas publicadas este año en castellano, pero que merecería un final digno del regreso del mejor Pablo Gutiérrez.

Los libros repentinos, Pablo Gutiérrez

Seix Barral, 2015

lunes, 13 de abril de 2015

La hermana menor. Un retrato de Silvina Ocampo


La proliferación de biografías tendenciosas y superficiales hace que elegir una próxima lectura de no-ficción sea tarea más exigente que seleccionar una entre muchas novelas. Aunque Silvina Ocampo no cayó nunca en el olvido, tristemente gracias a su asociación con su marido, Adolfo Bioy Casares, y al amigo de ambos, Jorge Luis Borges, Mariana Enríquez recoge los retazos y textos que sobre ella existían para presentar con gran rigor a una de las mujeres más fascinantes del pasado siglo XX.

Enríquez habla con sorprendente hondura y un habilísimo pulso narrativo de la vida familiar de Silvina, los enfrentamientos con su hermana Victoria, su matrimonio con el seductor Bioy Casares, sus amistades, sus manías y singularidades, la evolución en su obra, pictórica y literaria. Entreteje las confesiones de quienes la conocieron y pone en duda los rumores que contribuyeron a construir un mito que hoy en día ni tan siquiera tiene una lápida.

Enríquez no se detiene en el anecdotario de una de las protagonistas de la cultura argentina del pasado siglo. Analiza con virtuosismo la originalidad de la obra de esta escritora inclasificable, siempre libre de influencias y de deudas. Ocampo alababa la prosa de otras dos escritoras maravillosamente distintas: Clarice Lispector y Djuna Barnes. Dos mujeres que, como Silvina, dejaron una riquísima herencia vital y literaria.

Leer esta biografía es revivir su carisma. Leer La hermana menor es puro deleite.

La hermana menor. Un retrato de Silvina Ocampo, Mariana Enríquez
Edición a cargo de Leila Guerriero

Universidad Diego Portales, 2014