domingo, 22 de marzo de 2015

1.280 almas


Mucho antes de que Tarantino y los hermanos Coen se erigieran ante el mundo como iconos de lo pulp, Jim Thompson, hijo de un sheriff corrupto, obrero, periodista precoz, traficante de alcohol, revolucionó el noir.

Olvidado tras su muerte, tuvieron que pasar varios años para que se recuperara su obra en Francia. Estados Unidos, siempre envidioso de los méritos del viejo y apolillado continente, rápidamente quiso devolver a este novelista y guionista el esplendor que merecía.

Aunque los críticos se han empeñado en incluirle junto a Chandler y Hammett en una peculiar trinidad literaria, Thompson deslumbró a sus lectores, que pagaban apenas diez centavos por las descuidadas ediciones de bolsillo de sus títulos, con unos personajes salvajes, violentos, carentes de moral alguna que hacían risibles a los detectives de las novelas de los reverenciados maestros del género.

1.280 almas tiene como protagonista a Nick Corey, sheriff de Potts County, un pueblo sureño de 1.280 habitantes. Nick se presenta como un tipo holgazán y sin ambición, que tan solo desea ser reelegido para poder continuar con esa vida contemplativa tan propia de esa zona de Estados Unidos. Uno de sus lugares en los que el tiempo pasa mientras sus habitantes mascan tabaco y beben cerveza.

Pero Thompson una vez más da un giro poco previsible a sus personajes y convierte al inocente y corrupto sheriff en un frío psicópata que desdeña la moral y defiende la brutalidad de su acciones. Nick persigue sus sueños con un acusado sentido del individualismo y da una lección sobre los verdaderos principios de Estados Unidos, que le emparentan lejanamente con la despreciable Ayn Rand.

Thompson destripa Potts County y expone el racismo, la violencia sexual, el analfabetismo, la corrupción. Los mil y un males de un país que siempre ha querido maquillarlos tras otros nombres. Los personajes de 1.280 almas son absolutamente fascinantes. Thompson imprime un electrizante e inusual ritmo a la trama que es potenciado exponencialmente por la fuerza de su lenguaje, un slang traducido al castellano con gran acierto por Antonio Prometeo Moya.

Quienes desdeñan a Thompson por considerarle tan solo un escritor de novela negra están dejando pasar a un escritor con mayúsculas, inclasificable. Avisados quedan.

1.280 almas, Jim Thompson
Traducción: Antonio Prometeo Moya 

RBA Negra, 2015

lunes, 16 de marzo de 2015

Entre culebras y extraños


El cierre de una editorial no solo supone el fin de un proyecto que, por modesto que sea, hiere, si es que eso es aún posible, un poco más a la cultura. Pero en ese adiós a veces se olvida la orfandad de muchos lectores. Aunque hoy los grandes popes de la edición (los que hicieron fallidos vaticinios sobre el mundo 2.0) insisten en que los lectores compran tan solo libros y no buscan el sello de garantía de un nombre, son muchos los que fielmente siguen los lanzamientos de sus editoriales de cabecera. Nombres inéditos que al aparecer por primera vez en un catálogo instantáneamente se revalorizan. Libros del Silencio dejó tras sí muchos huérfanos que después de su fin se preguntaron dónde podrían encontrar los libros de Ray Pollock o Celso Castro. 

Castro da el salto a Destino con una novela en la que vuelve a tomar como protagonista a un joven en permanente conflicto consigo mismo y con lo que le rodea, y que busca en la filosofía, en aforismos de otros tiempos un escape de su realidad de clase media.

Entre culebras y extraños tiene sin duda un prometedor comienzo. El padre del protagonista cae muerto en cuestión de segundos en medio de una cena. Mientras la cabeza de su padre reposa sobre el plato de brócoli el hijo reconoce no sentir pánico, intuir la pérdida. Son su propia frágil salud, las angustias propias de su edad las que realmente desencadenan su dolorosa introspección. Solo la cercanía de su amiga de la infancia, Sofía, ya más próxima a una novia, logra sacarle de su monólogo del yo.

Celso Castro aporta sin duda una profundidad inusitada a este protagonista. La prosa se poetiza y se sirve de continuas referencias a filósofos y obras, pero el exceso de ellas acaba por chirriar en este drama adolescente. Su eterno enfado algo resabido se vuelve en ocasiones pesado, poco creíble.

Es la madre quien lo humaniza; sus conversaciones, sus silencios, sus abrazos. Es entonces cuando se despoja de este incómodo disfraz de Holden Caulfield; cuando vuelve a convertirse en un niño que crece rodeado de ausencias y de respuestas ficticias. 

Entre culebras y extraños es, a pesar de sus defectos, la confirmación de la importancia de Celso Castro. Poético, filosófico, minucioso observador, agudo retratista de los secretos. Mucho más de lo que se jactan sus contemporáneos.


Entre culebras y extraños, Celso Castro
Destino, 2015



jueves, 12 de marzo de 2015

Golowin




Jakob Wassermann combinó como pocos lo mejor de dos de las más interesantes tradiciones literarias de principios del siglo XX. El autor alemán, opacado por su condición hebrea, fue de los primeros en analizar las implicaciones psicologías de la revolución rusa en personajes antagónicos.

En Golowin Wassermann elige como protagonista aparentemente plañidera y débil a la mujer de un terrateniente. El lector espera encontrar en María von Krüdener a la cruel y egoísta Bárbara de Nido de nobles, de Turguénev, o a una dama desconcertada tras la desaparición de un sistema despótico con los más pobres. Un sistema que pervive hasta el día de hoy con otro nombre, cuando aún caen muertos por disparos los opositores.

Mientras María deja atrás su cómoda vida redescubre a la joven indómita y librepensadora que era antes de conocer a su marido.  En su huida de un país que nunca la adoptó por completo ha de utilizar su inteligencia y sus dotes persuasivas para salvar a su familia. Da constantes muestras de compasión y al tiempo condena en silencio la doble moral de una clase social que ya no es la suya. Camino del exilio desaparecen las dachas y los títulos. María también vence el miedo a unas tropas que no se guían por los principios sino por el revanchismo que acaba, como siempre, con todos los buenos propósitos revolucionarios.

Junto al Cáucaso la pequeña comitiva se topa con Golovin, soldado rojo de alto rango y hombre perturbador que va a hacer todo lo posible por frustrar sus sueños. El encuentro entre estos antagonistas es sin duda la mejor parte de este libro. Su diálogo, lírico, delicado, profundo, es no solo un gran ejercicio literario sino también un interesantísimo viaje psicológico hacia lo más profundo de unos personajes que reafirman todo lo ruso que había en Wassermann.

Ese ángel y ese demonio, tan frecuentes en la literatura rusa, conversan sobre las mentiras de la revolución, sobre el irrefrenable deseo sexual, sobre la fuerza de la mujer que a principios de ese siglo ya estaba lista para pelear por sus derechos, sobre la posibilidad de tomar decisiones casi suicidas que nos devuelvan a la vida.  La lucha y el cortejo entre dos iguales protagonizan esa noche en vela en una pequeña habitación. 

Wassermann supo adelantarse a sus contemporáneos y ver más allá de las utopías que aplaudían los intelectuales occidentales. Intuyó la crueldad, el mismo despotismo, el exterminio, porque no solo los judíos se convirtieron en un pueblo perseguido.

Golowin, Jakob Wassermann
Navona, 2015




domingo, 8 de marzo de 2015

La comemadre


Mientras muchos de los escritores españoles siguen bebiendo de la Guerra Civil o de la ya eterna crisis económica, una gran parte de los autores latinoamericanos, oprimidos por el peso de su historia dictatorial, buscan, sin traicionar sus coordenadas vitales, crear en sus ficciones universos delirantes, casi fantásticos. Los inquietantes relatos de Samanta Schweblin entroncan con el mundo de su compatriota Roque Larraquy.

La comemadre es un ejercicio de prestidigitación que noquea al lector, quien, desde la primera página, desde ese salto en el tiempo y en el espacio a un sanatorio de enfermos terminales de 1909, sabe que esa inmersión no puede realizarse a medias.

Larraquy elige dos protagonistas para las dos partes de esta singular ¿novela? El doctor Quintana toma parte junto al resto de sus colegas de un experimento que desea descubrir las últimas palabras de una cabeza cuando es separada del cuerpo. Quintana, obnubilado por la obsesión que siente hacia la jefa de enfermeras, olvida sus iniciales reparos para lograr deslumbrar a la mujer de sus sueños. Casi un siglo después un artista mediático y acomplejado hace de sí mismo su obra más transgresora. El lector comprenderá el hilo que une estas dos delirantes historias. Más allá de herencias o parentescos Larraquy subraya en ambas la íntima conexión entre arte y ciencia.

La locura por la creación protagoniza ambas tramas. El equipo médico del sanatorio de Lemberley buscaba no solo sorprender al mundo científico sino también crear una forma de arte, una declaración humanística y literaria compuesta por las últimas palabras de los sacrificados. El artista, antaño enfant terrible del arte, no sabe ya cómo deslumbrar a la crítica y el público y decide comprometer su propia integridad y su propio cuerpo.

Larraquy despliega un humor brutal y una crítica aguda y monstruosa sobre los límites de las personas, la argentinidad, como categoría inexplicable, los sacrificios en pos del amor y la posteridad. Esta maquinaria compleja y extraña funciona fantásticamente también gracias a una precisión estilística admirable. La comemadre es un texto imprescindible para lectores inquietos que no cierran los ojos ante este macabro y brillante juego.

La comemadre, Roque Larraquy
Turner, 2014







jueves, 5 de marzo de 2015

El nadador en el mar secreto


Cómo narrar la pérdida de algo que nunca existió, que tan solo se perfiló en un sueño tomando forma de esperanza y que finalmente se convierte en un plan inconcluso, en un castillo de naipes que se desmorona. Cómo llenar el vacío de algo sin lo que siempre se ha vivido. La amputación de un miembro que nunca has tenido.

Kotzwinkle narra la noche interminable que destruyó el mayor deseo de Laski y Diane, una pareja que vive aislada en medio de las montañas. Una noche que no solo marca los días que la siguieron sino que también determinará su futuro como pareja y como individuos, como seres humanos que caminaron siempre solos y que lo seguirán haciendo si la pérdida acaba por separarlos.

Kotzwinkle teje imágenes ciertamente poéticas pero las acompaña de una prosa sencilla, discreta, contenida. Una prosa que multiplica, a diferencia de las lágrimas, la devastadora tragedia. Una vuelta al principio de los tiempos, al origen de la naturaleza. Laski confiesa sus miedos, la orfandad, la necesidad de bucear en sí mismo y en el dolor de Diane. Una confesión valiente y sincera que, sin ser una obra maestra, recuerda de una manera delicada, sin estridencias, la cercanía entre la muerte y una nueva vida, entre la felicidad sin mácula y las heridas que nunca cicatrizan.  

El nadador en el mar secreto, William Kotzwinkle
Traducción: Enrique de Hériz 
Navona, 2014