martes, 29 de diciembre de 2015

El cinéfilo


La recuperación de obras olvidadas trae consigo distintos peligros. Las fajillas tramposas y los críticos no muy rigurosos crean artificiales necesidades lectoras y abusan alegremente de la palabra “clásico”.

Alfabia, de quien se ha sabido poco este año, ha reeditado El cinéfilo, de Walker Percy, que fue publicado por primera vez en España en la maravillosa Alfaguara de Jaime Salinas. Con esta novela Percy ganó el National Book Award en 1962 derrotando a unos rivales nada desdeñables: Richard Yates y Revolutionary Road, J.D. Salinger y Franny y Zooey, y Joseph Heller y Trampa 22.  No es necesario leer la contra de El cinéfilo para imaginar un resultado brillante. Pero, antes y ahora, los jurados cuentan con numerosos aciertos y también sonados fracasos.

Percy toma la siempre atractiva Nueva Orleans como telón de fondo de esta novela. Binx Bolling es un veterano de guerra que vive gracias a un gris negocio financiero siempre atendido por atractivas secretarias que no tardan en caer en sus brazos. Pero Binx parece disfrutar más con los pases de películas en viejas salas de cine que con esos tórridos romances o con su familia “aristocrática”.

El escenario elegido y su historia personal formaban una atractiva combinación, pero el resultado, “revolucionario” en los años sesenta, carece hoy en día de interés o frescura. Binx Bolling es un claro precursor de Ignatius Reilly. Su discurso repetitivo y algo cargante hace que ciertas buenas escenas y un estilo más que notable queden deslucidos. No hay en estas páginas literatura existencial ni gran narrativa sureña. Hace ya tiempo que se descubrió que no todos los libros son inmortales. Demos gracias.  


El cinéfilo, Walker Percy
Traducción: Marcos Jávega

Alfabia, 2015

martes, 22 de diciembre de 2015

Lo mejor de 2015


El resumen de este 2015 es idéntico al de años anteriores: después de doce meses aún nos esperan en 2016 muchas lecturas pendientes, y también es necesario recordar gratas sorpresas y, cómo no, sonoras decepciones. Las tan denostadas listas despiertan más críticas que alabanzas, pero creemos que, en el fondo, los lectores disfrutamos compartiendo impresiones. Gracias a otros podemos destinar nuestro tiempo a conocer mejores libros. Tras 356 días esta es nuestra particular selección: 


Los viernes en Enrico's, Don Carpenter (terminada por Jonathan Lethem)
Traducción: Javier Guerrero
Sexto Piso
Reseña aquí


H del halcón, Helen Macdonald
Traducción: Joan Eloi Roca 
Ático de los Libros
Reseña aquí


El reverso de los demás, Kaouther Adimi
Traducción: Aloma Rodríguez
Xordica
Reseña aquí


Cuentos reunidos, Cynthia Ozick
Traducción: Eugenia Vázquez Nacarino
Lumen


Una chica en invierno, Philip Larkin
Traducción: Marcelo Cohen
Impedimenta
Reseña aquí


Los libros repentinos, Pablo Gutiérrez
Seix Barral
Reseña aquí


Signor Hoffman, Eduardo Halfon
Libros del Asteroide


Salvar a Mozart, Raphaël Jerusalmy
Traducción: José Manuel Fajardo
Navona (Ineludibles)
Reseña aquí


Trastos, recuerdos. Una biografía de Wislawa Szymborska, Anna Bikont & Joanna Szczęsna
Traducción: Elzbieta Bortkiewicz & Ester Quirós 
Pre-Textos
Reseña aquí


La pecera, Juan Gracia Armendáriz
Demipage
Reseña aquí


Memoria por correspondencia, Emma Reyes
Libros del Asteroide
Reseña aquí


Vidas de santos, Antonio Lucas
Círculo de Tiza
Reseña aquí


El nadador del mar secreto, William Kotzwinkle
Traducción: Enrique de Hériz
Navona (Ineludibles)
Reseña aquí


Los caballos de Dios, Mahi Binebine
Traducción: María Teresa Gallego Urrutia & Amaya García Gallego
Alfaguara
Reseña aquí


El comensal, Gabriela Ybarra
Caballo de Troya
Reseña aquí 


Eric, Rebeca García Nieto
Zut


Los desposeídos, Szilárd Borbély
Traducción: Adan Kovacsics
Literatura Random House 


Historia secreta del mundo, Emilio Gavilanes 
(Premio Setenil al mejor libro de relatos publicado en España) 
Ediciones de la Discreta 


La muerte de mi hermano Abel, Gregor von Rezzori
Traducción: José Aníbal Campos
Sexto Piso 
(Lectura no terminada, pero es indiscutible que es uno de los acontecimientos literarios del año)


La virtud de Checchina, Matilde Serao
Traducción: Pepa Linares 
Ardicia
Reseña aquí


Invitación al baile, Rosamond Lehmann
Traducción: Regina López Muñoz 
Errata Naturae
Reseña aquí


Una saga moscovita, Vasili Aksiónov 
Traducción: Marta Rebón
Navona (Ineludibles)
Leímos esta novela hace ya varios años en su anterior edición. Su recuperación por parte de Navona es una de las mejores noticias del año. 
Reseña aquí


Cuarenta y un intento fallidos. Ensayos sobre escritores y artistas, Janet Malcolm
Traducción: Inga Pellisa Díaz 
Debate










viernes, 18 de diciembre de 2015

Nuestras calles


Alessandra Lavangnino traslada la atmósfera melancólica y nostálgica de Roma a esta novela situada en los años treinta y cuarenta. Marzia es una niña y, más tarde joven, que vive sepultada por la arrolladora presencia de su madre, una abogada brillante que lucha en un mundo todavía demasiado machista. La protagonista no consigue ni tan siquiera tener su propia voz y esa inseguridad hace que encuentre un refugio en la palabra escrita.

Lavagnino emparenta Nuestras calles con el cine italiano, con autoras como Natalia Ginzburg o Elsa Morante. En esa casa en la que Marzia languidece hay espacio para la lucha antifascista, para juegos de envidias -que tienen lugar cuando su íntima amiga desea desbancarla en el cariño de su madre-, para la enfermedad de esta, para los recuerdos de una vida con su abuela y para el primer amor de la protagonista.

La trama y la ciudad eterna piden un ritmo lento, atmósferas cargadas y escenas en tonos ocres. Lavangnino es fiel alumna de otros grandes de la literatura italiana que hicieron del estilo heredero de El gatopardo su carta de presentación. Interesa, sobre todo, el retrato de un momento histórico y de una ciudad que despertaba, como Marzia, poco a poco del letargo.

Nuestras calles es una breve e interesante inmersión en una turbulenta relación entre madre e hija marcada por el pasado y por una idea del futuro que parece distanciarlas. Sin embargo, a pesar de estas virtudes no estamos ante una muestra de la gran literatura italiana.

Nuestras calles, Alessandra Lavagnino
Traducción: Martín López-Vega
Errata Naturae, 2015







lunes, 14 de diciembre de 2015

El bar de las grandes esperanzas


Hay pocas cosas más estadounidenses que el marketing literario, y España, fiel alumna, se apresura a encumbrar lo que ha sido aplaudido por el New York Times. Pocas horas después de que El bar de las grandes esperanzas apareciera sobre las mesas de novedades, críticos y libreros afirmaban con rotundidad que estábamos ante la “gran novela americana” de esta década. Dicho y hecho, el libro rápidamente empezó a subir peldaños en las listas de los más vendidos, mientras algunos descreídos tan solo nos preguntábamos si más allá de gestas inalcanzables estábamos ante buena literatura.

Moehringer, negro de Agassi en Open, recrea en este libro su propia autobiografía. La ausencia de su padre, un locutor de radio al que denomina como La voz, marca su infancia. JR busca inútilmente una figura masculina que le sirva de referencia, pero los hombres que le rodean son vivos ejemplos del white trash norteamericano. Borrachos, desempleados, ignorantes, que solo juran lealtad a sus compañeros de la barra del bar. JR, licenciado en Yale, nunca dejará de lado esa peculiar hermandad, ya que no intenta falsificar genealogías que le emparenten con las patricios de Connecticut; su hogar siempre se encontrará en el Nueva Jersey más obrero.

El bar de las grandes esperanzas reescribe otras novelas americanas, como Empire Falls, de Richard Russo, quien una y otra vez se plagia a sí mismo sabedor de que posee una peculiar fórmula de éxito. Moehringer conoce la lección al milímetro y también maneja con acierto ese mercado.

Se esfuerza especialmente en construir los personajes, recuperarlos de sus recuerdos o tal vez reinventarlos. Pero, lejos de revitalizarlos, estos parecen más los protagonistas de una serie de televisión de los ochenta o meros clichés de la literatura estadounidense.

Sorprenden especialmente los halagos hacia su prosa, que resulta, al menos en castellano, demasiado almibarada. Moehringer hace suya esa máxima tan “americana” de “keep it simple”. Una sencillez que roza peligrosamente la superficialidad. Tristemente El bar de las grandes esperanzas se acaba convirtiendo en un déjà vu y en una lectura prácticamente en diagonal.


El bar de las grandes esperanzas, J.R. Moehringer
Traducción: Juanjo Estrella
Duomo, 2015