viernes, 27 de junio de 2014

El escritor en su paraíso


Muchos quieren ver en la supervivencia de las bibliotecas una quimera, el sueño de un niño o la falta de visión de un intelectual decimonónico. La ingratitud hacia esos espacios mágicos es tal vez uno de los peores pecados. No solo han ayudado en la instrucción de grandes escritores sino también han servido como germen de nueva vida en lugares que son el infierno en la tierra, como es el caso de la Biblioteca España en Medellín, o han descubierto por primera vez las posibilidades del abecedario a criados y esclavos; pensemos en Mary, protagonista de Del color de la leche, de Nell Leyshon.

Las bibliotecas, públicas o privadas, son refugios en donde se busca un rincón alejado de una no-ficción dolorosa e ingrata. Durante esa huida muchos han sido atrapados, sin poner resistencia, por los volúmenes que les proporcionaban cobijo. Y al igual que Stendhal durante su viaje a Florencia, el visitante puede, ante la magnitud de las obras reunidas o de los edificios que las albergan, perder el equilibrio.

Ángel Esteban les ha rendido su particular homenaje en El escritor en su paraíso. Para ello se ha servido de las vidas de treinta grandes autores que deben su vida y su producción artística a las bibliotecas. Uno de los méritos de Esteban es redescubrir al público lector ciertos personajes. La ternura del retrato de Gloria Fuertes recuerda una vida entregada a la difusión de la lectura desde un programa de televisión, un mostrador de préstamos o la biblioteca ambulante con la que recorrió España, en 1954, repartiendo libros entre los más pequeños.

La apatía proustiana sólo puede despertar sonrisas ante las travesuras de un bala perdida. La contribución de los hermanos Grimm a la filología alemana y a la lingüística o la valía política de Perrault minimizan sus recopilaciones de cuentos.

Perec, singular en todo lo que hizo, ideó un sistema clasificatorio que permitió impulsar avances científicos. El compromiso con sus países de origen y con los libros de Eugenio D’Ors y Goethe hacen que hoy en día las deudas de esas naciones para con ellos sigan vigentes. Ángel Esteban no se olvida de hacer justicia a Casanova y devuelve al lugar que merecen sus maravillosas memorias.

El escritor en su paraíso es más que la recopilación de treinta breves retratos. Es una lectura envolvente que a buen seguro impulsará al lector a leer alguna de las obras de estos singulares bibliotecarios. Esteban transmite con fidelidad estos inolvidables retratos evitando que sus reflexiones o una prosa enrevesada resten ni un ápice de protagonismo a sus treinta elegidos. El enamorado de los libros no parará hasta conocer la última de estas deliciosas historias. Un texto que fluye, página tras página, convirtiéndose en una lectura compulsiva.


P.d. El prólogo de Vargas Llosa me ha reconciliado con el Vargas Llosa lector. Por una vez ha arrinconado a la estrella, al comentarista política o al insigne literato. Por otra parte, resulta algo triste que tan solo haya una mujer en la selección. Hay numerosas ejemplos de escritoras que también vivieron en, por y para las bibliotecas.

El escritor en su paraíso, Ángel Esteban
Periférica, 2014




martes, 24 de junio de 2014

Nos vemos allá arriba



Después de varios thrillers de altura (sobre todo Robe de marié, de próxima publicación en España) Pierre Lemaitre se ha graduado como novelista gracias a Nos vemos allá arriba. Lemaitre ha sorprendido a propios y extraños con este estirón literario. El olfato además le ha permitido acertar al elegir la Gran Guerra como marco de este libro trágico.

Albert y Édouard son dos jóvenes excombatientes que han de reinventar sus vidas al final de la contienda. Édouard decide, tras la guerra, romper con una cómoda vida burguesa y Albert, hasta entonces pobre y solitario, se permite soñar en los escasos ratos en los que las pesadillas y los recuerdos le dan tregua. La supervivencia une los destinos de estos dos amigos, cuyos lazos se refuerzan por el agradecimiento y el deseo de venganza hacia el capitán Pradelle, antiguo jefe de su unidad y culpable de sus desgracias, que goza de un inmerecido éxito económico y social.

Nos vemos allá arriba narra la fragilidad y falsedad de las declaraciones de paz que, casi siempre, encierran actualizados estudios de mercado que permiten sacar partido a las cenizas de las ciudades. Lemaitre retrata con acierto las heridas internas de los soldados que, cuando abandonan hospitales y trincheras, son agasajados con bailes en su honor pero al mismo tiempo rehuidos en las calles cuando, vistiendo uniformes malolientes y raídos, piden limosna u otra oportunidad.  

Lemaitre es un hábil tejedor de tramas imposibles que ha reunido en esta novela los ingredientes necesarios para regalar, en el centenario de la Gran Guerra, una historia como las de antes. Lemaitre ha dado un salto cualitativo en su escritura pero no por ello puede competir con los grandes. Mucho me temo que Nos vemos allá arriba, aunque bien hilvanada y de ágil lectura, no debe compararse con textos icónicos como Sin novedad en el frente o brillantes análisis sobre la soledad de la posguerra como Mis amigos, de Emmanuel Bove. Un consejo: no intercalen a Lemaitre con Kevin Powers, Ferrari o Remarque.


Nos vemos allá arriba, Pierre Lemaitre
Salamandra, 2014



jueves, 19 de junio de 2014

Última resaca


Patrick Hamilton, autor maldito y olvidado por nuestro mundo editorial, no solo proporcionó inmejorables tramas que dieron lugar a clásicos del cine como La soga o Luz de gas. Su ambivalente lucidez también produjo obras perturbadoras como Última resaca. En ella Hamilton da voz al patético Bone, un joven inseguro y bebedor que lucha contra sus frecuentes episodios alucinatorios y contra el amor obsesivo que siente hacia Netta, aprendiz de actriz cruel y caprichosa. Hamilton se adentra en la inestable cabeza de Bone y con una habilidad forense refleja el dolor casi infantil de este y su deseo de venganza.

Hamilton vierte en el personaje de Bone parte de sí mismo y narra la pelea sin cuartel que hubo de librar con el alcohol durante toda su vida. Las múltiples voces de Bone (ebrio, en trance y tristemente sobrio) bordan este análisis psicológico profundo y asfixiante que exige una lectura paciente y empática.

La soledad de Bone en el Londres anterior a la Segunda Guerra Mundial no ablanda a Hamilton quien pone al límite a sus personajes. Sabedor de que la palabra equivocada puede desplazar a Bone a su lucidez alucinatoria Hamilton es puntilloso hasta el extremo con el lenguaje.  

Hamilton sabe relegar la historia de amor a un segundo plano y mostrar a Bone el camino hacia su último y más valiente viaje. Última resaca retrata una sociedad enferma y alcohólica que se resiste a abandonar una fiesta superficial que será interrumpida para siempre por la más sangrienta de las guerras. Una lectura solo apta para aquellos que se despojen de prejuicios y que estén dispuestos a sumergirse en el alma atormentada de un agotador pero inolvidable personaje.


Última resaca, Patrick Hamilton
Manantial, 201




lunes, 16 de junio de 2014

De noche andamos en círculos



La literatura en castellano no sobrevivirá gracias a lo que pasa dentro de nuestras fronteras. La presencia española en listas de revistas y generaciones estrella parece más un compromiso. Y aunque muchas editoriales insisten aún en refundar América lo cierto es que sus autores ya no necesitan de booms en Barcelona ni de la protección de insignes señoras.

Nuevos capítulos se escriben también en la literatura latinoamericana desde el país de las barras y estrellas. Antes del fenómeno mediático de Óscar Wao autores como Hinojosa-Smith iniciaron un camino difícil y solitario. Daniel Alarcón, nacido en Lima pero criado en Alabama, se reencontró con el idioma de su infancia cuando estudiaba en Nueva York. Aunque todavía es el inglés el idioma en el que teje historias tan latinas como esta.

Alarcón elige como misterioso protagonista de De noche andamos en círculos a Nelson, joven actor que sueña con un visado a Estados Unidos que nunca llega. Durante la eterna espera se presenta a las audiciones del grupo de teatro al que más admira. Diciembre cumple su vigésimo aniversario y con su fundador, Henry, a la cabeza, desea cumplir un proyecto frustrado.

Henry fue encarcelado por supuestos nexos con los movimientos terroristas y una cárcel capitalina guarda desde entonces sus mayores secretos. Nelson decide sumarse a esa viaje por el interior de esa nación andina. Nelson no solo conoce su país sin nombre sino que acepta formar parte de una obra perpetua que pone su identidad al límite. Qué es realidad, qué es ficción, en qué parte del camino se rompió Nelson. Hasta qué punto puede alguien trasladar el peso de su pasado al resto. 

Alarcón crea un arriesgado juego de espejos. El lector no pone resistencia a ese espectáculo hipnótico y accede a sumergirse en el dolor que rodea a Nelson, sin saber ya si es suyo propio. Un espectáculo literario casi redondo y también arriesgado, íntimo y poderoso.

De noche andamos en círculos, Daniel Alarcón

Seix Barral, 2014

jueves, 12 de junio de 2014

Monasterio


La llegada al aeropuerto de Ben Gurión aleja más si cabe a Eduardo, narrador y protagonista, de su destino inicial. Lejos de los muros israelíes Eduardo encuentra a su paso Palestina, Varsovia y Antigua. Pero, sobre todo, gracias a la boda de su hermana pequeña ultraortodoxa emprende un viaje interior de la mano de memorias e identidades agazapadas, nunca olvidadas.

Eduardo examina los límites de su propia tolerancia. Aunque tal vez sería más acertado llamarlo incomprensión, incomprensión por el peso que la genealogía ha tenido en la vida de su hermana. Y su propia reafirmación como individuo fuera del marco de una familia que le haga cargar con un equipaje que no es suyo.

La negativa de su abuelo judío polaco a que visite su Varsovia natal hasta su lecho de muerte libera a Eduardo del peso de los recuerdos, dejando que él mismo reconstruya o destruya su propia identidad.

Halfon desenmascara además la falsa unidad de Israel. Las dos mujeres de su historia, su hermana ultraortodoxa y la liberada Tamara, amago de romance fugaz de juventud, demuestran la fragilidad del adoctrinamiento dentro de las parejas, familias o naciones casi recién nacidas.

Leer a Halfon es leer verdadera literatura. Un lenguaje directo, casi desnudo, que juega magistralmente con la palabra escrita. Hasta que el pasado, el presente y el futuro fluyen de tal manera que el lector piensa que lo de menos es no haber sido testigo de la tan ansiada boda. Una lectura breve pero apabullante que deja con ganas, como siempre, de más Halfon. Estamos listos para la siguiente etapa de este apasionante viaje.


Monasterio, Eduardo Halfon
Libros del Asteroide, 2014



P.d. Acompañen la lectura con Chopin y Dave Brubeck como banda sonora.