jueves, 29 de mayo de 2014

El pan a secas


Más allá de la mansión de Barbara Hutton en la Medina, lejos de la muralla en la que se mezclaban millonarios, artistas y espías, en cada rincón del Zoco Chico, de Dar Barud ha respirado siempre el verdadero alma tangerina. 

Bowles, Barthes, Beckett, Burroughs, Capote, Genet, Ginsberg, Juan Goytisolo, Morand, Gertrude Stein, Tennessee Williams, Yourcenar encontraron allí el exotismo que parecían necesitar para despertar su inspiración. Pero ninguno de ellos parecía dar importancia a lo que de verdad sucedía en esa enclave internacional. La prostitución, la delincuencia, la mendicidad, la suciedad que quedaba arrinconada tan solo en ciertas partes de la ciudad. Tánger se convirtió en una gigante puesta en escena en la que los lugareños no eran bienvenidos, no tenían derecho a figurar.

Chukri nació en el Rif pero rápidamente escapó de las garras de un padre despiadado. Tal vez de manera inconsciente ese niño analfabeto sabía que Tánger sería su despertar, primero a la supervivencia y luego al mundo de las letras que le salvó en ocasiones de sí mismo.

El pan a secas narra la huida de Chukri tras el estrangulamiento de su hermano a manos de su padre. Tras varios trabajos Mohamed decide participar de la picaresca tangerina. Pero será la prostitución y el contrabando lo que le permitirán conseguir sus dosis de kif, de mujeres y alcohol. Solo en la cárcel Mohamed encontrará refugio en los libros y cuando regrese a Tánger ampliará su mundo, conjugando lo oriental y lo occidental, la miseria y el lujo.

En El pan a secas se encuentra al amigo de Jean Genet, al verdadero Chukri, seco, certero, maestro de un lenguaje descarnado. Un Chukri que abre los ojos a los intelectuales, y a las autoridades de su país que, para acallar la verdad que cuenta El pan a secas, prohíben su publicación en Marruecos hasta la pasada década. Inútil intento, ya que gracias a Paul Bowles se empezó a hablar más allá de Tánger de esta obra maestra.


El pan a secas, Mohamed Chukri

Cabaret Voltaire, 2012

sábado, 24 de mayo de 2014

Una singularidad desnuda


El PEN/Faulkner a la mejor primera novela convirtió a Sergio de la Pava en compañero por derecho propio de Daniel Alarcón, Francisco Goldman o Junot Díaz. Pero dentro de ese aparente dream team hay distintas categorías.

Sergio de la Pava, como Díaz, pasó del anonimato a las portadas y entrevistas en pocos días. Tras siete años de escritura y tras el desprecio de la industria de la Pava decidió autoeditar Una singularidad desnuda. Una novela de casi setecientas páginas que según la crítica, cómo no, tiene ecos de Pynchon y Foster Wallace. Pobre dúo prostituido, demasiados hijos naturales a los que reclamar como legítimos.

De la Pava utiliza a Casi, una suerte de alter ego, para verter su desencanto, su rabia contra una patria que ni siquiera es la suya. Casi, al igual que de la Pava, es un abogado de oficio de origen colombiano que trabaja en unos decrépitos tribunales neoyorquinos. Es difícil sintetizar la trama. Tal vez sea más certero señalar la singularidad y la importancia de los distintos personajes imaginados por de la Pava. Unos vecinos enganchados a un maratón televisivo, un gánster de nombre Ballena, un ex campeón mundial, el insigne Wilfredo Benítez, y las mujeres de su familia que descubrieron a Casi el baile, las arepas y un idioma de segunda fila.  

De la Pava comienza brillantemente el recorrido por Una singularidad desnuda. Se inicia un apasionante viaje por las cloacas de un sistema corrupto y racista. Casi encadena reflexiones sobre textos legales, agudas intervenciones judiciales y sobre todo una colección de clientes que demuestra que la basura de Ellis Island sigue todavía viva.

Pero de la Pava desea impresionar y en el camino pierde la perspectiva. Se introducen giros imposibles que desdibujan el tono del principio. Deja de ser de la Pava y desea convertirse en un joven Pynchon. Desaparece el escritor y surge una futura estrella encantada de haberse conocido. Tal vez de la Pava pueda desprenderse de sus influencias literarias, sentarse a escribir sin la presión de las generaciones New Yorker o Granta y volver a sus inicios. Valdría con regresar a las primeras cien páginas de su primer libro.

Una singularidad desnuda, Sergio de la Pava
Pálido Fuego, 2014







lunes, 19 de mayo de 2014

La vida ante sí


Romain Gary se carcajeó del establishment literario en Francia al esconderse tras el pseudónimo de Émile Ajar. La crítica enloqueció intentando averiguar su verdadera identidad, ¿estaba detrás de este misterioso nombre Raymond Queneau, Louis Aragon o tal vez un pied noir?

Tras las críticas a sus posiciones gaullistas Gary decidió continuar su obra literaria como monsieur Ajar. Sus más acérrimos críticos se convirtieron, sin saberlo, en sus mayores fans.

Más allá de una brillante venganza literaria La vida ante sí es una de las novelas más bellas y conmovedoras del siglo XX en Francia. En un piso parisino una anciana prostituta acoge a los hijos de sus antiguas compañeras. El corazón de Madame Rosa le impide transformar su casa en un lucrativo negocio. Mohamed, un niño de origen marroquí, asume involuntariamente la cabeza de esa atípica familia. Mohamed es consciente de la deuda que mantiene con la vieja judía y defiende su derecho a vivir y a morir como ella decida. Pero Momo y madame Rosa no están solos. Les rodea el amor desinteresado de travestis y ladrones que arriesgan su frágil seguridad por ayudar a la antigua alcahueta.

Además de la especial y durísima trama en La vida ante sí destaca la voz de Mohamed que oscila brillantemente entre la ternura y el sarcasmo. La lúcida visión de un niño sin dinero ni una familia al uso pero con un firme sentido de la lealtad y el agradecimiento.

Olvidémonos de la lujosa Rive droite y quedémonos con el París del lumpen de Mohamed y madame Rosa. Maravillosa la venganza de Romain Gary / Émile Ajar.


La vida ante sí, Romain Gary
Debolsillo, 2014







viernes, 16 de mayo de 2014

Los lanzallamas


En la lucha de gatas y gatos hacia la fama literaria ya se admiten todo tipo de vueltas de tuerca a las tramas. Rachel Kushner quería deslumbrar en pleno ascenso a la cumbre con una novela sobre motos y chicas malas. Antes que ella contemporáneas como Dana Spiotta o Jennifer Egan ya apelaron al gusto de sus compatriotas por el sexo, las drogas y el rock ‘n’roll.

Reno, la protagonista de esta alucinación, sumerge contra su voluntad al lector en un viaje psicotrópico por la Italia fascista, el caso Watergate y, cómo no, Nueva York. Los saltos de tiempo y lugar, como sinónimos de modernidad, restan más veracidad, si cabe, a este viaje iniciático. La defensa de la libertad, individual y política, queda opacada.

No es innovación lo que se respira en Los lanzallamas y sí bastante caos. El concurso de “la gran novela americana” propicia la aparición de imposibles juegos malabares que hagan ganar a los contendientes la partida.

La crítica estadounidense ensalzó Los lanzallamas hasta el infinito pero qué importancia tiene si es el lector quien emite el verdadero veredicto. Los lectores, sus lectores de Télex desde Cuba, dijeron NO, claro y conciso.

Libros del Asteroide prefirió rechazar su derecho de pernada. Tal vez intuyó que los lectores españoles de Kushner no estaban listos para Los lanzallamas. Pero a mí lo que más me apena es la cercanía de Kushner a Bohumil Hrabal en el catálogo de Galaxia.


P.d. Si desean leer sobre motocicletas y autopistas americanas, vuelvan a los clásicos. A Los Ángeles del Infierno, de Hunter S. Thompson. Más vale macarra conocido que joven promesa por conocer.

Los lanzallamas, Rachel Kushner
Galaxia Gutenberg, 2014





miércoles, 14 de mayo de 2014

Peste & Cólera


El día en que Babelia y yo estemos de acuerdo en algo habrá llegado el momento de desaparecer de este mundo, del lector al menos. Ese día habré perdido lo poco que me queda de criterio.

Sábado, 19 de abril. Lo que antaño fue un suplemento cultural, hoy en día no sé muy bien cómo denominarlo, eligió Peste & Cólera, del escritor francés Patrick Deville, como libro de la semana. Y yo, que a veces peco de una obediencia absurda, decidí colocarlo en primera posición en mi cola de lectura.

Monsieur Deville elige como protagonista de su hasta ahora más famosa obra a Alexandre Yersin, científico y aventurero suizo que abandonó la gloria del Instituto Pasteur para adentrarse en los territorios ignotos de la lejana Asia. La sinopsis de Anagrama resulta prometedora y más cuando se asegura que Peste & Cólera sigue la tradición de las mejores novelas de aventuras.

En su reseña Alberto Manguel tilda Peste & Cólera de obra maestra y la escritura de Deville nada menos que de “admirable”. Quién soy yo para contradecir a Manguel.

Pero Deville desconoce absolutamente las coordenadas necesarias para escribir un verdadero libro de aventuras. Un burgués paseo de domingo por Toulouse transmite más emoción que las supuestos aventuras de este suizo célebre por Indochina. Deville desea sorprender al lector casi con un tuteo, con confidencias susurradas, con un ofensivo colegueo, que me enojan y me reafirman en que el bueno de Patrick debería haber dejado reposar más la trama.

Deville insinúa una cierta similitud entre la vida de Rimbaud y la de su amado Yersin. Pobre Rimbaud, no creo que le hiciera la más mínima gracia aparecer en una novela tan plana. Un cuaderno de bitácora en el que solo falta especificar a qué hora se iba el protagonista a la cama.

Peste & Cólera me ha servido para recordarme que no debo volver a leer Babelia, al menos hasta que salga Belén Esteban en portada. Y también para recordarme que el Prix Femina y el Prix des Prix se asemejan cada vez más a nuestros Premio Primavera o Planeta.

Peste & Cólera, Patrick Deville
Anagrama, 2014


P.d. El desencuentro continuó en el Babelia de 19 de abril. En ese mismo número otro insigne crítico, de cuyo nombre no quiero acordarme, destrozaba Las Inviernas, de Cristina Sánchez-Andrade. Desde que luego que no es una obra maestra pero Sánchez-Andrade sí es una interesantísima autora que da mil vueltas a los escritores y novelas que reseñan en este pasquín, maquinaria poco engrasada ahora centrada en trabajar para todo el grupo Bertelsmann.