martes, 11 de marzo de 2014

El viento que arrasa


Selva Almada no reniega de su pampa natal pero superpone a este paisaje desértico, y sumamente claustrofóbico, los deltas del sur de Estados Unidos. En El viento que arrasa hay ecos de Quiroga pero también las imborrables huellas de William Goyen, Carson McCullers, Eudora Welty, Flannery O’Connor y, sobre todo, de Erskine Caldwell.  

Almada recluye en una gasolinera escondida en un recodo de un camino a ninguna parte al reverendo Pearson, su hija y dos mecánicos. Las peleas sobre la fe y la ausencia de Dios en ese rincón inhóspito esconden las distancias que acompañan a casi todas las relaciones entre padres e hijos. La prédica religiosa es el disfraz de la huida del pasado y de unos fantasmas que impiden construir un pequeño paraíso de barro y cristal para una joven que arrastra una maleta sin recuerdos.

El Gringo Brauer no entiende qué puede desear conocer su ayudante Tapioca lejos de su barraca rodeada de perros, esqueletos de coches y botellas vacías de cerveza. La eternidad de la juventud y la vecindad entre la muerte y los más ancianos. Quienes dicen continuar su viaje mesiánico realmente huyen de la vida terrenal. Las habitaciones de motel permiten retrasar el encuentro con uno mismo.

Almada posee una voz seca y certera, que juega con unas imágenes poderosas y con unos diálogos cortantes e implacables que hacen ver que más allá del Misisipi se encuentran jóvenes debutantes que pueden crecer y convertirse en dignas damas sureñas. 

El viento que arrasa, Selva Almada
Mardulce, 2012




lunes, 3 de marzo de 2014

Mis amigos


Nada más leer las primeras páginas de Mis amigos de Emmanuel Bove Colette, su primera editora, supo que debía hacer caso a su olfato. Pero la prosa de Bove, seca, lacónica y certera, tan solo disfrutó de un brillo fugaz en una época de grandilocuencias. Tras un éxito moderado solo Samuel Beckett sacó a Emmanuel del olvido y resucitó con él a Victor Bâton.

Bove, con las cenizas de la Gran Guerra como telón de fondo, retrata las heridas de los excombatientes una vez que abandonan hospitales y trincheras para volver a una sociedad que organiza bailes en su honor pero que al mismo tiempo huye en las calles de los uniformes malolientes y raídos.

Victor Bâton se instala en París con el único deseo de conseguir un amigo. Para ello está dispuesto a sacrificar lo que haga falta, su pensión, su autoestima... El triste Bâton se ilusiona con cada encuentro casual como un niño, construye castillos en el aire que se desmoronan finalmente sobre sus frágiles principios. Cada rechazo es una nueva derrota en la vida del patético Bâton, un ser egocéntrico e infantil, un protagonista deliciosamente repulsivo.

La lectura de Mis amigos es el descubrimiento de un escritor brillante que no necesita de artificio y de una novela mayúscula que nunca más debe caer en el olvido.


Mis amigos, Emmanuel Bove
Traducción: Manuel Arranz Lázaro 
Pre-Textos, 2009