lunes, 25 de febrero de 2013

El desierto de los tártaros - Dino Buzzati




¡Ay, Georgina, Georgina, cuánta falta nos hacías!


"Dice un viejo proverbio árabe que quien tiene un buen libro, tiene un jardín en el bolsillo.

Yo tengo un jardín en el bolsillo.

Ahora que se perpetúa el frío invierno mientras soñamos con la primavera. Ahora que los periódicos nos dan los buenos días cuajados de malas noticias, en las que resuenan, rabiosas, las erres: reforma, recorte, corrupción. 

Yo tengo un jardín en el bolsillo.

El desierto de los Tártaros vino a mí, como casi siempre, gracias a una recomendación de Sofía Castellanos. Terminaron por convencerme su portada, limpia, escueta, y el prólogo de Borges. Y una tarde de libros y cervezas con Martina Fron.

Entonces, desde que abrí la primera página, algo así como un misterioso hechizo se apoderó de mí. Empecé a avanzar por sus hojas, luchando contra el sueño y contra el hambre, como un buen soldado, hasta el final. Sin tregua.

Porque el libro tiene algo de los cuentos de mi infancia y de la pintura surrealista de Dalí. El lenguaje es plástico, brillante. Como la pincelada densa de Hopper. Es ligero y a la vez profundo. Se lee como tratando de desentrañar una metáfora; como buscando un significado que se nos puede escapar. Pero al final se convierte en un espejo de la propia vida. Qué mas da el significado, cuando lo que se siente es el paso del tiempo, la nostalgia por los años pasados. 

¿Y cómo sentir tanto en un libro tan breve? Ese es, sencillamente, el secreto de los cuentacuentos y los poetas. Sólo se descubre leyendo.

Por eso, amigos que buscáis entre estanterías plagadas de sombrías sombras de Grey, aquí tenéis un jardín de buena literatura.

Georgina Barrie"

El desierto de los tártaros, Dino Buzzati
Gadir, 2007


lunes, 18 de febrero de 2013

Recomendaciones febrero


Sofía Castellanos recomienda:

Literatura extranjera


Gilead, Marilynne Robinson
Galaxia Gutenberg, 2011

En Estados Unidos las mujeres no se limitan a fisgar tras las visillos. Lápiz en mano han retratado las luces y las sombras de un país, crisol de contradicciones. Con Gilead, Marilynne Robinson ganó el Premio Pulitzer y el National Book Critic Circle Award y dejó al establishment literario con los ojos como platos. 


Literatura en castellano


El alma del controlador aéreo, Justo Navarro
Anagrama, 2000

Los suplementos culturales están fascinados con las alineaciones literarias, las canteras y los Grantas. La ceguera y la amnesia impiden que brillen autores como Justo Navarro. Sus lecciones sobre cómo leer y cómo escribir deberían ser de estudio obligado. Sin necesidad de gafas de pasta o insultos cibernéticos. 


Un clásico


Oblómov, Iván A. Goncharov
Alba, 2000

Patrón de los encamados que hizo de la ociosidad un arte. Y es que no hacer nada, permanecer impertérrito es también una opción vital. Ya les gustaría a los ni-nis suspirar en el lecho como lo hacía Oblómov.

Cuentos


Cuentos completos, John Cheever
RBA, 2012

Cheever hizo de Nueva York una ciudad más solitaria y melancólica, a Nueva Inglaterra incluso más majestuosa. A veces recuerda a Hopper y otras a Pollock. Las miserias estadounidenses no son exclusivo patrimonio de Carver. No sabemos qué tal le sentaría a éste compartir el cetro. 


Novela negra


Galíndez, Manuel Vázquez Montalbán
Mondadori, 2004

Los escritores modernísimos y automáticos, que dicen beber de la televisión y de los tabloides, deberían hacer los deberes y tomar apuntes de todo lo que cuenta Vázquez Montalbán sobre el histórico Galíndez. 


Biografía


Los Goytisolo, Miguel Dalmau
Anagrama, 2000

Los Panero quisieron hacerle sombra a los Goytisolo pero nunca lo consiguieron. La vida de estos hermanos es una de las mejores crónicas sociales y culturales de los últimos cien años. 


Novela gráfica
Superzelda, Tiziana Lo Porto & Daniele Marotta
451, 2012

Zelda era mucho más que modelos y peinados imposibles y borracheras antológicas. Fue LA mujer moderna, el talento enjaulado y una enferma mental plenamente lúcida. 

Poesía



Antología, Ezra Pound
Visor, 2009

Por primera vez me aventuro a recomendar poesía que no he leído pero sí he escuchado. Ezra Pound me acompañó durante mis nueve meses de vacaciones en el útero materno. Mi madre aún asegura que lo disfrutó y que las rarezas de Pound se transmitieron por el líquido amniótico.




Martina Fron recomienda:

Literatura en extranjero
Sobre la belleza, Zadie Smith
Salamandra, 2010 (Colección X aniversario)

Una muy simpática novela sobre las frustraciones personales y la rutina monótona que a todos nos alcanza. Cuando te das cuenta de que no vas a ser el genio que pretendías de pequeño sólo te queda intentar aceptar lo que sea que seas. Eso le ocurre a Howard Belsey al descubrir que su futuro laboral está estancado, que un desliz amoroso amenaza su matrimonio y que sus tres hijos son cada vez más extravagantes.


Literatura en castellano


Olvidado Rey Gudú, Ana María Matute
Destino, 1998

La gran fábula fantástica y medieval de Ana María Matute es en realidad un reflejo del alma humana, la responsabilidad de crecer y los sacrificios que conlleva querer. Un cuento precioso y triste que devuelve inevitablemente a la infancia y a esos años ingenuos en los que todos creíamos en todo.


Un clásico:


Nuestra señora de París, Victor Hugo
Cátedra, 2005

Tras la separación de su mujer y obligado por su editor, Victor Hugo se encerró durante seis meses para escribir una de sus obras más conocidas y que recoge los temas románticos por excelencia (el amor imposible, personajes condicionados, la marginación y un final trágico e inevitable). Mención especial a Disney, que hizo una versión edulcorada de la novela para los más pequeños bastante buena.


Cuentos


Todos los besos del mundo, Félix Romeo
Editorial Xordica, 2012

Un año después de la muerte del escritor, Xordica publicó su primer volumen de cuentos en el que están recogidos los temas que le obsesionaron y persiguieron durante toda su vida: la insumisión, la literatura norteamericana, el recuerdo y el amor. Un gesto muy bonito el que tuvo Mondadori con la edición no venal de ¡Viva Félix Romeo!, donde se recoge el adiós que le quisieron dar  Ignacio Martínez de Pisón, Martín Casariego, Daniel Gascón, Javier Cercas, Luis Alegre, Antón Castro o David Trueba.


Novela negra



Drive, James Sallis
RBA, 2011

La vida de Driver consiste en ser especialista de cine por las mañanas y venderse al mejor postor por las noches conduciendo coches de mafiosos y atracadores. Su vida es solitaria, hermética y está marcada según sus propias reglas, pero tras la traición de uno de sus clientes decide tomarse la justicia por su cuenta y proteger a la chica de la que está enamorado.


Biografía



Pío Baroja, Eduardo Mendoza
Omega, 2001

La editorial Omega lanzó una colección fantástica en la que escritores contemporáneos relataban la biografía de clásicos de las letras españolas, añadiendo además una selección de textos del homenajeado. En este caso, Mendoza y su encanto se inmiscuyen en la vida de Pío Baroja.


Cómic



Cada cosa a su tiempo, Bill Watterson
Ediciones B, 1999

Elegimos este tomo de Watterson por ser el del aniversario de la publicación de las tiras en España, pero realmente hubiera preferido colocar como sugerencia la obra completa, que se puede encontrar en librerías pagando, eso sí, bastante más que lo que cuesta este tomo.


Poesía




Flores para Hitler, Leonard Cohen
Visor, 1981

Lo mejor que tiene Leonard Cohen es que no es ni músico ni poeta. Al menos no sólo eso. Para leer a sorbitos.


A Cubierta querría señalar que es muy posible que el lector encuentre los títulos previamente citados en ediciones y formatos distintos a los aquí nombrados. Si el equipo ha decidido recomendar una edición específica es por respeto muchas veces a la primera edición del libro en España o porque de todas las existentes en el mercado consideran que es la más completa.

martes, 12 de febrero de 2013

Absolución



Una vez tuve una amante que se parecía a Luis Landero.

Físicamente se parecía más a Sandy. Es decir, a esa Olivia Newton-John de coleta en Grease. No tan guapa, claro, que Olivias Newton-John hay pocas, pero sí con ese aire angelical de quien no ha visto porno ni haciendo zapping. El caso es que cada vez que sus padres se iban de fin de semana mi Sandy me llamaba y me transmitía un mensaje en clave: el gorrión está en la jaula. Y yo, estuviera donde estuviera, salía disparado para su casa. 

Al llegar me encontraba con la puerta entreabierta y la habitación de sus padres a oscuras. Yo entraba sigiloso, escudriñaba la negrura medio cegato y Sandy se iba materializando poco a poco ahí enfrente, de pie, inmóvil, con su pelo rubio y su mirada de rayos X. Como si en vez de Sandy fuese el fantasma de Sandy. Cuando ya veía lo suficiente como para pensar qué guapa pero también para pasar un pelín de miedo, el fantasma de Sandy daba un pasito, me agarraba el paquete y me decía una frase que nunca supe de dónde había sacado: dame turrón.

Así siempre.

Luego Sandy desaparecía hasta que un día me volvía a llamar y repetíamos el proceso.

Con Landero me pasa lo mismo. Un día recibo la noticia de que tiene nueva novela en el mercado y yo, esté donde esté, acudo veloz a la librería más cercana, vuelvo a casa con ella debajo del brazo, me siento en mi sofá y dejo que Landero me cuente las grandezas y miserias de uno de sus personajes tan perdidos en la inmensidad de lo gris. Y si Sandy me decía dame turrón, Landero me dice toma afán. Porque esa es su palabra, afán. Aunque a veces la combina con otras como contingencia, azar o, en este caso, tedio.

Lino se afeita feliz. Tras un pasado marcado por ese tedio, la vida por fin le sonríe. Dentro de unos días se casará con Clara, la mujer que ama, y hoy se dispone a disfrutar de una comida familiar de celebración. Lino sale a la calle bien acicalado y dispuesto a dar un agradable paseíto hasta el restaurante. Pero mientras sus pies pasean primaverales, su mente escoge un camino bien distinto: el repaso de su vida. Y mientras repasa irremediablemente se va sumergiendo en las trampas de esos cerebros landerianos tan incapaces de ser felices. El resultado, un laberinto con una única salida: la vuelta al tedio.

Luis Landero es un extraordinario narrador. Y un todavía más extraordinario descriptor del fracaso. Y bucea como nadie en las complejidades mentales de las personas imposibilitadas para la victoria. Magistral en estas parcelas.

Pero también es previsible. Antes de levantar las cartas uno ya sabe que en esta mano Landero lleva de nuevo el as de pusilánimes. Y también sabe que en algunas ocasiones ese pusilánime le pondrá nervioso. Y, lo que es muchísimo peor, que en muchas otras actuará de espejo de miserias. Cosa que desanima al más pintado. Los personajes de Landero deberían venir con un bono de diez sesiones de psicólogo.

Quizás sea más sano mirarse en los protagonistas de Marvel. También previsibles, pero al menos con reflejo de mandíbula cuadrada y valentía sin límites. Sin duda mucho más reconfortante. Y quizás también sea más aconsejable echarse una novia formal. Una que te tricote jerseys de lana en invierno y te lleve al cine en V.O. los domingos.

Quizás sí, pero me temo que cada vez que Landero o Sandy me llamen yo seguiré acudiendo veloz al encuentro. Esté donde esté. En primavera o en otoño. Sin mandíbula cuadrada y sin jersey de lana. 

Eso sí, espero que nunca lo hagan a la vez. Tendría un problema.


Absolución, Luis Landero
Tusquets, 2012


LEO FALCONETTI