domingo, 27 de enero de 2013

La liebre con ojos de ámbar. Una herencia oculta.




La luz de Central Park hace sombras chinescas en las paredes del Neue Galerie de Nueva York. Adele Bloch-Bauer, majestuosa, sabe que su casa está lejos en una Viena imperial.

Un cuadro de Klimt, unas figuras japonesas o un vulgar prendedor bañado en oro. Cuando las vidas son irrecuperables, la seguridad se encuentra en contemplar o manosear inanimados testigos de un ayer mejor.

El paso del tiempo selecciona a los más fuertes de los recuerdos. Pero no solo son las personas quienes escriben o cuentan de viva voz su versión de los hechos. Los objetos callan historias hasta que encuentran quien esté dispuesto a hablar por ellos. Alguien que sepa interpretar sus muescas, su pérdida de pátina y recorrer con ellos el camino de vuelta.

Los Ephrussi protagonizaron el esplendor de una vieja Europa. Odesa, tierra lejana y exótica, estaba más cerca que nunca. Mark Twain quedó deslumbrado por esta ciudad que olía a comercio, cultura y polvo. Desde allí el patriarca de los Ephrussi dibujó en un mapa imaginario el destino de sus herederos.

Edmund de Waal es un reconocido ceramista y su amor por los objetos hicieron de él la persona idónea para trazar el árbol genealógico de los netsukes y de quienes los poseyeron. Estas pequeñas figuras, al mismo tiempo delicadas e indestructibles, que finalmente regresaron a Tokio junto a su tío Iggie.

Edmund se reencontró con el tío Charlie, mecenas y erudito imprescindible de la vida cultural del París de finales del XIX. Pissarro, Renoir, Zola y el caso Dreyfus disfrutaron de las comodidades y riquezas de los salones de Charlie, quien más adelante recorrió, gracias a los recuerdos de Proust, el camino de Swann. Pero la envidia no se esconde para siempre y el antisemitismo quiso opacar la vida de los Ephrussi.

Por un giro del destino, los netsukesviajaron en su esplendida vitrina camino de la Viena de los Habsburgos. Se acabaron las tertulias y las reuniones sociales, y quienes ahora jugaban con ellos eran niños que un día, por valentía y obligación, recorrieron el mundo sin blasones ni mayordomos.

Freud y el sexo, Musil y Joseph Roth, que ya daban fe de la velada persecución que sufrían los judíos. Y al palacio Ephrussi llegaban los reflejos dorados de los cuadros de Gustav Klimt, las sombras de los edificios de Adolf Loos y los gritos de escándalo que provocaban las obscenidades de Egon Schiele.

El destino tampoco los perdonó a ellos y tuvieron que partir con una única maleta. La salvación para los netsukes llegó de la mano de quien menos esperaban. Y de nuevo Japón, como si de cerrar un círculo se tratara.

De Waal con la meticulosidad de quien sabe que cualquier grieta esconde un secreto, con la templanza que tienen aquellos que pueden controlar sus dolores y miedos, ha escrito un extraordinario homenaje a un continente arrasado, a la memoria de sus antepasados, y al sentimentalismo que encierran los objetos.

Solo quienes durante toda una vida dan forma a las colecciones conocen su incalculable valor y el vacío que dejan si les sucede algo. Edmund de Waal, delicado artesano y digno sucesor, ha moldeado un clásico, que al igual que los netsukes, sobrevivirá al paso del tiempo.



La liebre con ojos de ámbar. Una herencia oculta, Edmund de Waal
Acantilado, 2012



*La liebre con ojos de ámbar merece un lugar de honor en la lista de mejores libros del 2012. Inmediatamente ponemos remedio a este retraso.


SOFÍA CASTELLANOS



lunes, 21 de enero de 2013

Un puente sobre el Drina - Ivo Andrič



No todo iban a ser malas noticias en este comienzo de año. Georgina Barrie, la hija pródiga, ha vuelto y con firme propósito de enmienda. Este abandono debe suplirlo con sus magníficas reflexiones sobre clásicos. 



"Era una tarde soleada y calurosa, muy diferente de la gélida noche invernal que vivían mis personajes en las páginas de Un puente sobre el Drina. Disfrutaba del silencio, de la soledad y de la pluma de Ivo Andrić, en una excelente traducción de RBA.

De pronto alguien interrumpe mi lectura y me arrebata el libro. "¿Qué estás leyendo?" Le da la vuelta y examina la contraportada (ah, esa gran trampa para los lectores de buena fe, de la que hablaremos otro día): "Este libro es la conmovedora y ejemplar crónica de los avatares históricos de un espacio geográfico sometido a una permanente tensión (...) desde el siglo XVI hasta el inicio de la Primera Guerra Mundial, ya en el siglo XX". 

Me mira con sorna. "¿Primera Guerra Mundial? El libro termina un poco pronto, ¿no crees?" Se congratula mi interlocutor, por la acidez de su comentario. 

Sí, es cierto, ni rastro de Srebrenica, limpiezas étnicas, nombres impronunciables de generales sanguinarios o frases apocalípticas sobre "la antigua Yugoslavia". Aunque sí que hay odio y violencia, étnica y religiosa. No podía ser de otra manera. Pero, ¿es realmente eso lo único que sabemos de los Balcanes? ¿Lo único que nos interesa? 

Un puente sobre el Drina cambia los esquemas. El protagonista es un gigante de piedra tallada. Su mirada se extiende por los siglos a través de las aguas verdosas que se arrastran a sus pies. Por su vera caminan personajes que enlazan, unos con otros, desde el siglo XVI hasta 1914. En el río dejan su reflejo los acontecimientos históricos, desde el auge del Imperio otomano hasta el fin del Imperio austrohúngaro. ¿Y el lector? Al lector se le invita a sentarse cómodamente, en la oscuridad de una tienda de la kasaba o en la kapija del puente, a escuchar los relatos que cuentan los ancianos de Višegrad mientras mascan tabaco a la caída del sol. Desfilan palabras evocadoras: sultán, bey, Bosnia y Herzegovina, La Sublime Puerta, hoya, kaiser

Son las memorias de una ciudad en la que suena la llamada a la oración, mientras el incienso del Pope Nikola embriaga a los viandantes que se agrupan en sus callejuelas. Es el recuerdo de grandes tormentas, personajes míticos, gobernadores despiadados, mercaderes sabios. Las historias de la llegada de los turcos, la lucha de los serbios, las reformas de los austríacos. Son las leyendas que hacen abrir los ojos a los niños y soñar a los enamorados. En ellas se adivinan rastros de las antiguas canciones eslavas y de cuentos turcos, todos embellecidos por la suave pátina del tiempo.

Pero claro, llega también el desastre. Y el lector avanza sin querer avanzar, porque sabe lo que está por venir. A la mezcla explosiva sólo falta prenderle la mecha. Entonces sólo cabe dejar escapar un suspiro, de esos que nacen en el pecho y dejan lágrimas en los ojos. El puente, el Drina, los visegradenses, las montañas. Se acerca la despedida. Sólo cabe ya disfrutar de las últimas páginas y soñar con un final feliz. Que ya sabemos que cuando falla la Historia, siempre nos quedan los cuentos.

Georgina Barrie"

Un puente sobre el Drina, Ivo Andrič
RBA, 2010

viernes, 18 de enero de 2013

Buda en el ático




Parece imposible imaginar un mundo mejor desde los arrozales, que la cadencia de la vida entre bueyes y cerezos en flor no sea suficiente. Pero las promesas de rascacielos y electrodomésticos hicieron temblar a milenarias damas. Y sin mirar atrás, con los recuerdos en un pañuelo y el futuro en los ojos, creyeron adivinar ya la silueta de San Francisco desde las aguas del puerto de Tokio.

Pero los cuentos, ni hoy ni nunca, han tenido finales felices. Las casas de la colina se convirtieron en barracones, los maridos exitosos y gallardos en sudorosas ranas. Arar sus campos, recoger las babas de sus hijos, limpiar su ropa, acostarse con sus maridos. Nada fue suficiente y el mismo 7 de diciembre de 1941 una turba enfurecida pedía sus cabezas y los barrios quedaron desiertos esperando su regreso.

El silencio que siempre los había acompañado, continuó hasta mucho después, como si hubiera sido de mala educación decir: “disculpe, creo que nos han encerrado”.

El exilio desdibuja a los antepasados, las nuevas generaciones muchas veces retratan, con filtro de por medio, países que tan solo conocen por daguerrotipos. Y la fotografía que nos regalan está desenfocada. Pero Otsuka ha viajado en el barco con todas esas mujeres y ha logrado voces escalofriantes que enumeran sin aspavientos los sueños rotos.

En tiempos de sobrevalorados Murakamis y Yoshimotos, Julie emprende el camino de regreso a una literatura reposada, desgarradora y que honra profundamente a sus clásicos.


Buda en el ático, Julie Otsuka
Duomo, 2012

SOFÍA CASTELLANOS

lunes, 14 de enero de 2013

Matate, amor






Una de las mejores campañas de publicidad que nos vendieron fue creer que tenemos libertad, invento francés para que nadie se rebelara tras acabar las ocho horas de jornada laboral.

El humo de la ciudad contamina pero anula las voluntades y el campo de Matate, amor siempre susurra indirectas peligrosas y salvajes, algo mejor que estar encerrada en una casa cuidando de un bebé llorón y de un marido que viaja mucho, sobre todo si tu amor hacia ellos es voluble y resignado.

La vida en la frontera despierta instintos pero también enloquece y la novela de Ariana Harwicz se lee como se puede ver una película de Tarantino o de Lars Von Trier, deseando el momento en que la violencia estalla y todo se va al infierno. Acechar a los vecinos se convierte en el deporte preferido de la protagonista, que acepta revolcarse por el bosque y observarse a través de los ojos de un ciervo antes que acunar a su hijo. El monólogo interior es difícil pero dispara certero y lúcido en medio de ese caos que es la mente perturbada de una mujer encerrada e insatisfecha, que busca pelear con un marido abstraído para intentar que no sólo un animal le mueva el piso. Y es que una vez más se encuentra la mejor poesía en todo lo desesperado.

Matate, amor es ansia y deseos prohibidos, la parte oscura de cada uno que en la ciudad logramos combatir al pagar la factura de la luz y la rutina de ver el telediario a las tres. Esa calma hipnótica y falsa que nos impide decir ay, amor, ojalá revientes.


Matate, amor, Ariana Harwicz
Lengua de trapo, 2012


MARTINA FRON

jueves, 10 de enero de 2013

Recomendaciones enero


Sofía Castellanos recomienda:

Literatura extranjera



El testamento francés, Andreï Makine
Tusquets, 1996

El cementerio de Père-Lachaise fue el primer hogar parisino para Makine. Desde entonces, ayudado por su personal testamento francés, ideó esta inolvidable historia sobre la Atlántida, la estepa rusa y la fuerza de los recuerdos. Makine fue galardonado con los Premio Goncourt y Médicis por esta obra y toda Francia quedó embrujada.


Literatura en castellano



Qué viva la música, Andrés Caicedo
Alfaguara, 2012

Carmen Huerta, al son de la salsa y los Rolling Stone, recorre Cali de norte a sur, desde las camas con dosel hasta los infiernos. Caicedo se suicidó a los veinticinco años, poco después de recibir el primer ejemplar de su libro. Desde entonces, es un mito y esta novela es para Colombia algo más que el himno de una generación.


Un clásico



El buen soldado, Ford Madox Ford
Pocket Edhasa, 2007


Samuel Beckett y Coetzee se cuentan entre sus más fervientes admiradores. La buena sociedad de entreguerras latía a la par que los acontecimientos históricos: suicidios, descensos a la locura, la infidelidad y los celos. Dos matrimonios protagonizan uno de los más importantes ejercicios estilísticos de principios del siglo XX.


Cuentos



Todos los cuentos, Cristina Fernández Cubas
Tusquets, 2008

Uno de los mayores logros de Tusquets durante el año 2008 fue la recopilación de los cinco libros de Fernández Cubas en un solo volumen. Su publicación confirma que no hay otra cuentista como ella en las letras españolas. 


Novela negra



Live by night, Dennis Lehane
Harper Collins, 2012

Lehane recompensó a sus fieles lectores a finales del 2012 con la continuación de Cualquier otro día, Live by night. Boston, las mafias, la ley seca, la lealtad a la familia y a los desengaños amorosos. Un gran regalo para un duro invierno.


Biografía



Mi familia y otros animales, Gerald Durrell
Alianza, 1999

Una de las autobiografías más divertidas que se recuerdan. Las aventuras de la familia Durrell por la isla de Corfú nos acompañan a muchos desde nuestra más tierna infancia. 


Novela gráfica



Pyongyang, Guy Delisle
Astiberri, 2007

Corea del Norte, oscura y misteriosa, recibe algo de luz gracias al trazo de Delisle. En esta ocasión, este viajero infatigable nos presenta esta hermética dictadura a través de los ojos de un occidental.


Poesía



Antología de Spoon River, Edgar Lee Masters
Bartleby Editores, 2012

Los más bellos epitafios de la poesía han sido venturosamente recuperados por Bartleby. Una edición magnífica para unos textos que lo merecen todo.



Martina Fron recomienda:


Literatura extranjera






Stone Arabia, Dana Spiotta
Blackie Books, 2012

La música y el estrellato en Los Ángeles son la excusa perfecta para contar una historia sobre cómo encontrar el camino de vuelta a casa y no volverse loco entre la memoria, el olvido y los amigos. Uno de los mejores libros que nos dejó 2012.


Literatura en castellano




El camino de los ingleses, Antonio Soler
Destino, 2004

El último verano de la adolescencia siempre acaba en conflicto y más cuando uno se da cuenta de que el futuro jamás está a la vuelta de la esquina. Las emociones están a flor de piel, el sexo es desesperado, los amores trágicos y los amigos peligrosos.


Un clásico




Mariona Rebull, Ignacio Agustí
Castalia, 2006

Agustí creó a su propia Ana Karénina y le salió una obra redonda y una gran radiografía de la sociedad española del momento. Es el primer volúmen de su saga La ceniza fue árbol.



Cuentos



Once maneras de sentirse solo, Richard Yates
RBA, 2010


En las epopeyas ya no se tiene por protagonistas a héroes fuera de casa durante diez años. Ahora lo díficil es superar el día a día tras muros de metacrilato, seguir viviendo con alguien cuando ya no se recuerdan los motivos, soportar la frustración en la que todos estamos metidos.


Novela negra





El largo adiós, Raymond Chandler
Alianza Editorial, 2012

"Marlowe es de los que resuelven los delitos con el reflector en los ojos, la cachiporra blanda, la patada en los riñones, el rodillazo en el bajo vientre, el puñetazo en el plexo solar, el golpe en la rabadilla". La más ambiciosa y lograda de las aventuras del detective.


Biografía





Martha Gellhorn, Caroline Moorehead
Circe, 2005

Considerada una de las mejores corresponsales de guerra, el trabajo y la vida de la tercera mujer de Ernest Hemingway se ha vuelto a poner de moda tras la algo ñoña serie de la HBO sobre el famoso matrimonio de periodistas.


Poesía





Palabra sobre palabra, Ángel González (poesía completa)
Seix Barral, 2004

Seix Barral actualizó en 2004 Palabra sobre palabra para realizar una de las mejores antologías de poesía de los últimas décadas.