jueves, 31 de mayo de 2012

Libre, libre quiero ser



La gran novela americana (norteamericana, se entiende). Esta es la carta de presentación de Libertad. Y ante semejante afirmación uno automáticamente sospecha. Como con la del partido del siglo. Cada año un par. O a veces más. Y entonces uno coge la gran novela americana y la observa. A ver si le dice algo. Como quien mira de reojo a ese compañero de asiento que le va a acompañar durante un viaje de largo recorrido. Así, a simple vista, Libertad pesa más de un kilo. Libro de difícil transporte. 667 páginas. El número de la bestia más uno. Un pajarito en la cubierta. Poco más dice.

Habrá que abrirla y dedicar el tiempo a lo importante, lo de dentro, a las tripas. Con cierto escepticismo, eso sí. A ver dónde se derrumba la maniobra comercial. Una página, diez páginas, veinte páginas... y pronto el escepticismo se va convirtiendo en un vaya. Y en un masaje de barbilla. Más páginas y el vaya se convierte en oh. Y el oh, al final, en un inevitable gracias, señor Franzen.

O, más apropiado, God bless you, Mr. Franzen.

He aquí un resumen de Libertad:

«El olor a mujer adulta de sus axilas embriagó a Joey, y deseó que fuera mucho más intenso, y tuvo la sensación de que la intensidad de ese deseo de que le apestaran las axilas era ilimitada».

¿Es acaso la gran novela americana una obra pornográfica?

Sí.

¿667 páginas de sexo sucio? 

No. Sexo hay, pero no como eje. Ni como fin. Ni siquiera como recurso. Simplemente como un ingrediente más del guiso del ser humano. Y sucio no es el adjetivo. En todo caso sincero, que es lo mismo que decir sexo del bueno.

¿Y la pornografía?

Franzen nos abre las puertas de la casa de los Berglund y nos guía por su intimidad como quien introduce una cámara oculta. Pero no una cámara cualquiera, una de visión nocturna y rayos x. Que muestra de día y de noche, por fuera y, sobre todo, por dentro. Porque Franzen, más que un escritor es un neurocirujano, y a la vez que nos cuenta que los Berglund son estos y estos son sus padres y esta su infancia y esta su juventud y esto es lo que hacen y así crecen y envejecen, saca su bisturí y dice: aquí están sus cerebros. Y con pulso de pornógrafo los va seccionando uno a uno. Y a medida que abre, va mostrando todo: deseos, temores, traumas, dudas, frustraciones, conflictos... Hasta que los Belgrund se quedan sin tan siquiera una hojita de parra que les tape lo más íntimo. Desnuda su cabeza, desnudo su corazón y desnuda su entrepierna. A la vista las grandezas, a la vista las miserias.

Las virtudes de Franzen son muchas. Una pluma ágil y sin florituras, un conocimiento perfecto de cada uno de los personajes y de la sociedad americana, una mezcla magistral de cómo lo exterior afecta a lo interior y lo interior a lo exterior, una estructura bien cimentada, unos giros certeros... y algo más: la capacidad de despertar en el lector ese deseo de bajar a lo inconfesable. A lo más sucio (ahora sí) de cada protagonista. Y Franzen satisface. Baja. Pero en la vida casi todo tiene un precio. No es fácil descender a las cloacas sin mancharse los zapatos. Y casi sin darse cuenta, el lector descubre que con un pie chapotea por las alcantarillas de los Belgrund y con el otro por las suyas propias. A ver cuál salpica más.

Defectos tiene pocos. Un tanto denso cuando habla de pájaros. Y otro que sorprende: los Berglund son padre, madre, hijo e hija. Y todo su entorno: abuelos, tíos, amigos y compañeros de estudios. Y Franzen los retrata a todos. Hasta al gato de la vecina. Pero en el camino se deja a Jessica Berglund, la hija. Al final de la novela Jessica es la única desconocida y lo que sabemos de ella es gracias a que de vez en cuando se cruza en la vida de sus padres o de su hermano. No cuenta con espacio propio. No hay desnudo. No hay disección. Jessica es casi un fantasma. Un misterio sobre el que me gustaría saber la opinión de Franzen.

A Libertad le pongo una última pega. Su final. No el final narrativamente hablando (ahí no hay pega) sino el otro, el de la lectura. Libertad aturde. Y acabarla es como salir  del cine después de ver una buena película. Ahí fuera hay luces, semáforos, coches, peatones...

Y todo molesta.



Libertad, Jonathan Franzen
Salamandra, 2011


LEO FALCONETTI

viernes, 25 de mayo de 2012

Italia, feria apperta


Es viernes,  hay Fútbol y Feria (vivan las palabras que empiezan por F), todo empieza a sonar ya como las primeras notas de una  verbena de verano; el calor está hecho para desnudarse más a menudo y para creerse que cualquier día podría ser Fiesta. Pero la primavera miente mucho, y a nadie le apetece señalar que realmente no es  Fútbol, sino el Barça queriendo otro trofeo otra vez, y que tampoco es Feria, sino editoriales haciendo luz de gas; es aburrido que la azzurra juegue una Final.

Italia es mejor que España porque dejaron de tomarse en serio a finales del XIX y siguieron siendo cinematográficamente bonitos hasta 1960. De la misma forma que producen morbo las relaciones anteriores de tu pareja, a Italia sólo la disfruto en pasado simple; Miguel Ángel, Pirandello, Sciascia, Battista, Mastroianni,  Lampedusa, Fiat, Parmesano, los Finzi-Contini, Del Piero y Panna cotta. Aquí nos pasa justo al revés, le damos demasiada importancia a cosas que no la tienen tanto, Italia escribe muy parecido desde hace  veinte años y entonces no había alfombras rojas ni suspiros de éxtasis, en  Anagrama publicaba Anagrama y no Feltrinelli y España no había sido la niña mimada de la Feria de Turín.

La muerte de Tabucchi nos hizo más infelices y más huérfanos; nos recuerda que no sólo se ha ido él, sino que Rodari también dejó de escribir y que esa bonita historia que empezó a contar Einaudi es sólo eso, otra historia más. Roma será siempre eterna, pero ahora baila con parejas caprichosas y volubles: a Niccoló Amanniti hay que aceptarlo como un valor de entretenimiento seguro; pero ni es tan ingenioso, ni tan divertido, ni tan inteligente como lo quieren vender y las novelas de Mazzantini tienen tristeza, soledad y un éxito digno en el cine porque su marido las dirige. A Italia le duele el amor, la crisis, Berlusconi, la mafia y los extravíos generacionales, pero heridas tan profundas no se pueden curar con tiritas de dibujos animados.

Un descuento del 10% y una copa de Lambrusco no son suficientes para compensar un pasado de ópera y cuento.


71 edición de la Feria del Libro de Madrid
Parque del Retiro, del 25 de mayo al 10 de junio.
País invitado: Italia.

MARTINA FRON

jueves, 24 de mayo de 2012

Desmadre a la madrileña



                                                                 
1994. Kurt Cobain se suicida, Pearl Jam escupe nihilismo en Vitalogy y la juventud de medio planeta adopta Loser de Beck como himno generacional. Un bebé llamado Justin Drew Bieber viene al mundo en Ontario. En España, José Ángel Mañas publica Historias del Kronen.

Felices noventa.

Casi veinte años después, cuando ya apenas quedan pelos de Cobain y sí muchos de Bieber, Javier Gutiérrez presenta Un buen chico, novela que bien podría ser un qué pasó con aquellos madrileños desparramados de finales del siglo XX.

Polo, treintañero, camina por Fuencarral y ve a Blanca. Blanca hace de magdalena de Proust y, zas, Polo a los noventa. Ayer: sexo, drogas y rock and roll. Hoy: resaca tardía y fantasmas como pago de peaje. Recuerdos, reencuentros, trapos sucios y alguna que otra sorpresa circulan veloces por estas 139 páginas.

A favor: Un buen chico engancha. Engancha porque el desparrame engancha. Y porque la trama presenta la intriga suficiente. Y porque Gutiérrez maneja los giros de ese modo que obliga a esperar al siguiente capítulo para empezar cualquier otra actividad. Y porque el estilo, ágil y callejero, fluye.

En contra: el inevitable aroma a Historias del Kronen (la sombra de Mañas es demasiado alargada), la no conclusión de algunos personajes y, sobre todo, la sensación de que a mitad de novela ya se intuye con demasiada certeza el final.

Un buen chico es apta para amantes de los excesos juveniles, para nostálgicos de los noventa y, sobre todo, para aquellos que quieren volver a patear las calles de Malasaña como si Kurt Cobain hubiese muerto la semana pasada.

Yo, después de su lectura, miraré con cierta desconfianza a los treintañeros de la plaza de Olavide. Cualquiera puede ser Polo. Y si no lo es, da igual. A saber qué hizo en aquellos años.


Un buen chico, Javier Gutiérrez.
Mondadori, 2012

LEO FALCONETTI

miércoles, 23 de mayo de 2012

Nuestro hombre en Atenas





Aunque quede mal decirlo, todos estamos un poco hartos de la crisis, de las primas, de los fondos de rescate y también cansados de gritar frente al televisor a nuestros políticos, a sus banqueros y a la caradura de todos ellos.

A veces es mejor apagar la televisión, cerrar el periódico y bajar las persianas. Convertir nuestro pequeño habitáculo en un refugio a salvo del mundo. Una vuelta al útero materno. Como decía Mafalda “que se pare el mundo, que yo me bajo”.

Las novelas negras, hasta las buenas, están diseñadas para desconectar. Y por eso mismo cuando uno busca desconexión y encuentra un libro sobre la crisis griega, se lo piensa dos veces. Con estas precauciones me acerqué a Con el agua al cuello.

El comisario Kostas Jaritos es un Kurt Wallander más castizo, más nuestro. El vecino de abajo que grita a la parienta, la pone pingando pero a los que miras con envidia cuando te los encuentras en el ascensor.

De la mano de Jaritos tomamos el pulso a la sociedad griega, la que habla con humor de los recortes, el maltrato a las pensiones y el empobrecimiento de los servicios públicos. Petros Márkaris también retrata con mucho acierto la actitud de los países más fuertes, las organizaciones internacionales, de las agencias de calificación. Reflexiones que todos nosotros podemos hacer más de cien veces al día. Pero Petros Márkaris no es la voz de un panfleto.

La resolución de la trama puede ser un poco obvia pero a pesar de todo sigue siendo una novela negra muy recomendable que nos hace olvidar que la ficción de Jaritos es nuestra realidad.

Con el agua al cuello, Petros Márkaris
Tusquets, 2011


La solidaridad entre los PIGGS, según Kostas Jarito, página 13:

«  -Señor comisario, no le dé más vueltas. Cómprese un Hyundai- me aconsejó Dermitzakis- Es la marca que ofrece una mejor calidad-precio. Además la mitad de los policías conduce un Hyundai y nos hacen un descuento en los concesionarios.

-No hagas ni caso, ¿eh?, pero ni caso a los que te hablen de coches Hyundai o Nissan -me comentó Guikas- Si no quieres tener problemas, cómprate un coche europeo. Un Volkswagen o un Peugeot. Eso sí que son coches.

Al final, fue Fanis quien me sacó de dudas.

-Cómprate un Seat Ibiza- me sugirió.

-¿Por qué?

-Por solidaridad entre pobres. Ahora los españoles y los portugueses tienen problemas, como nosotros. Para los mercados financieros, somos los PIIGGS , los “cerdos”. Y cada cerdo debe ayudar a los demás, no hacerles la pelota a los tiburones. Quisimos vivir como tiburones y ahora estamos ahogándonos, porque los cerdos no saben nadar. Por eso tienes que comprarte un Seat Ibiza ».   


SOFÍA CASTELLANOS

viernes, 18 de mayo de 2012

Crónicas de Jerusalén






Una fue, es y siempre será una ignorante que hasta hace pocos años pensaba que novela gráfica era un nombre grandilocuente para un cómic. Ese territorio solo habitado por niños y por raros.

Mi primer contacto con este mundo fue Persépolisde Marjane Satrapi. Al terminarla pensé: ¿cuántos más libros como este me habré perdido? E intentando recuperar tiempo y oportunidades di con Guy Delisle.

Hace ya diez años Delisle publicó Pyongyang, indiscutible obra de referencia. Nadie como él ha retratado el régimen de Kim Jong-II, encontrando humor en los lugares y momentos más insospechados.

Y entre sonrisas, surgen reflexiones. Quizá sea más potente el mensaje que lanzan las viñetas de Delisle que cien imágenes de un telediario o mil palabras de un periódico.

Muchos han dicho de él con cierta sorna que hace literatura de viajes y Delisle no se excusa, explica en tono campechano que se limita a escribir una gran tarjeta postal a su familia. Pyongyang, Shenzhen, Jerusalén o Birmania. En ella habla de sus lápices, de las mudanzas, de los mil y un personajes peculiares con los que convive y de él mismo, sabiendo que es para los otros el más peculiar de todos.

Astiberri publicó a finales del 2011 Crónicas de Jerusalén, basadas en el año que pasó allí ejerciendo de diligente amo de casa mientras su mujer, empleada de Médicos Sin Fronteras, como una oficinista cualquiera iba a pasar el día a Gaza. Delisle dibuja un retrato muy rico de la realidad del conflicto palestino. Desde sus primeras páginas se transforma en un niño ávido de experiencias que espera ser deslumbrado, o convencido al menos, por unos y por otros. Judíos ortodoxos, samaritanos, mujeres artistas con velo, enfrentamientos entre comunidades cristianas. Una mezcla solo posible gracias al pulso de Delisle.

No solo por esto ha salido victorioso de este reto sino también porque el tema elegido obligaba a odiosas comparaciones con la gran obra de Joe Sacco, Palestina. Crónicas de Jerusalén es infinitamente más desenfadada, menos periodística pero no por ello menos potente.

Al cerrar el libro como siempre: una sonrisa, reflexiones y en esta ocasión mucha tristeza porque este es su último “libro de viajes”. Su mujer ha decidido tomar tierra.

Crónicas de Jerusalén, Guy Delisle
Astiberri, 2011

Mientras esperamos sus próximos pasos, os dejamos con su blog: http://www.guydelisle.com/blog/


SOFÍA CASTELLANOS

jueves, 17 de mayo de 2012

Siempre el mismo verano





R.B. es una lectora dura, exigente, implacable. Cuando en una librería se decide por un libro a veces hasta siento lástima por él. Por eso cuando me habla con tanta pasión de una novela no dudo en seguir su consejo.

En Los peces no abren los ojos acompañamos a Erri de Luca en un delicioso y duro viaje por su pasado. Inventar es para de Luca un abuso de confianza. Y con confianza pasamos junto a de Luca un intenso verano napolitano, sin olvidar que es la niñez su verdadero lugar de residencia.

Pero mejor R.B. para transmitir su profundidad y belleza, y por ello me limito a transcribir lo que me dijo aquel domingo, sin cambiar ni una coma.

“Acabo de leer un libro lleno de sensibilidad y verdad. La visión de abrir los ojos a la vida desde la edad adulta, el inicio del sentir con la carga de la experiencia de la pérdida, el amor como algo inasible y efímero que deja una huella imborrable. Erri de Luca es un mago de las palabras y de las sensaciones que te obliga a mirar dentro de ti. Los peces no cierran los ojos es de esos libros que te desazonan y te poseen. La vida tiene misterios. Uno encuentra lo que no busca y anhela lo que no llega a poseer aunque en el fondo ese es el atractivo, no consumir para que algo permanezca.

El dolor del despertar a la vida y el ansia de conocer se enredan en el deseo de avanzar o permanecer estático. El amor como pérdida y como fuerza para huir de uno mismo. El anclaje de la familia y la necesidad de volar solo. La naturaleza que atrae hacia el vacío y se pega a la piel de la experiencia… es una llamada que lleva al abismo. Todas esas sensaciones despertadas con palabras sugerentes que vienen de alguien que vive alejado de lo cotidiano.”


Los peces no cierran los ojos, Erri de Luca.
Seix Barral, 2012


SOFÍA CASTELLANOS

miércoles, 16 de mayo de 2012

La soledad compartida




La familia como exponente de un microcosmos autoritario y a la vez imprescindible. Creador de personalidades convulsas y anhelantes. El pilar del mañana con raíces del pasado, un devenir lastrado por ataduras del ayer. La niñez, los recuerdos, obstáculos para el futuro. El amor teñido de color oscuros, los lazos que frenan el deseo de huida.

En la ruptura quedan anclados parte de los sueños y se camina con la mitad del ser. La imposibilidad de la comunicación profunda en una sociedad construida para lucha entre individuo y colectividad. Nadie triunfa, todos siguen con la vida rutinaria y anodina, fantaseando con la llegada de aquello que permitirá redondear su existencia.

Reunión en el restaurante Nostalgia de Anne Tyler es un fiel retrato de un país y un territorio, pero a la vez universal como son los sentimientos y las frustraciones. Hace pensar en My Antonia de Willa Cather, en Gilead de Marylinne Robinson o en Cuatro Hermanas de Jetta Carleton. Interesante y recomendable fresco de la sociedad del desapego en permanente búsqueda.


Reunión en el restaurante Nostalgia, Anne Tyler 
Lumen, 2012

SOFÍA CASTELLANOS

De la cabeza a los pies






¿Qué podemos añadir sobre Carlos Fuentes, sobre la calidad de su prosa, sobre sus numerosos premios, sobre su libro póstumo? Desde este pequeño rincón queremos celebrar a este hijo de diplomático que hizo del mundo su casa, que aportó amplitud de miras en tiempos oscuros. Es hora de hablar de ese dandi del renacimiento.

Su valor en la literatura es y será indiscutible pero si acaso creo que estaría aún más satisfecho al ver que todos coinciden en describirle como un hombre de consenso, como un hombre de paz, un hombre bueno. Un caballero de principios que luchó por los represaliados del franquismo, que dimitió como representante de México en Francia cuando se nombró al ex presidente Gustavo Díaz Ordaz, responsable de la masacre de la Plaza de Tlaleloco, como Embajador en España, y que hoy en día era la voz crítica e imprescindible contra la pobreza moral en la política mejicana.

Un humanista que con una pluma certera aportaba desde sus escritos templanza y criterio en tiempos tan convulsos.

Escalofriante es el retrato que hizo de los años con su hijo que murió al cumplir los veintiséis por causa de la hemofilia. El amor por la vida y el arte que transmitió Carlos a su hijo y que de nuevo este inculcó a su padre. Porque Carlos Fuentes nunca dejó de crear, de proyectar un mañana siempre nuevo y distinto.

Y después de tanta vida, tanta literatura, tanto mundo su despedida ha sido la merecida. Se ha dicho que ha muerto en la plenitud de sus facultades, con la cabeza en el siguiente manuscrito; pero creo que nos ha dejado con una sonrisa y lamentablemente esperando un artículo brillante suyo cualquier domingo.   


SOFÍA CASTELLANOS

martes, 15 de mayo de 2012

Las mocitas madrileñas (reloaded)



Pienso que el fútbol y el sexo confluyen en un punto que va más allá de la barra de un bar de copas; a veces es mejor fantasear sobre él que practicarlo.

A Manuel Jabois (Sanxenxo, 1978) hablar de fútbol se le da casi tan bien como ser cronista de sí mismo, y, como es guapo y del Real Madrid, aquí aún se luce más. Los de Libros del K.O han sido chicos listos; un buen escritor y un equipo mediático para los libritos de la colección de Hoolingans Ilustrados. Ser del Real Zaragoza es una condena más que otra cosa; nadie escribirá así jamás sobre mi equipo y más desde que Labordeta murió.

Grupo Salvaje es un homenaje a la infancia de rodillas despellejadas y camisetas manchadas tras el partido de fútbol; a la adolescencia de palmadas en las espaldas de colegas, qué importa que nadie marcara el gol definitivo en la final de la liga, concentrarse en el bar de siempre los domingos al final acaba gustando más.

Jabois consigue en poco más de cincuenta páginas provocar una sonrisa empañada de nostalgia; quizás porque habla más de él y de todos los que fueron como él que del Real Madrid. Eran buenos tiempos esos en los que sentías, al ponerte una camiseta con un número en la espalda, que podías ser Dios sin que tus padres te dijeran lo contrario.


Grupo Salvaje, Manuel Jabois
Libros del K.O., 2012
El título del post está sacado del artículo publicado por Jabois en elmundo.es en diciembre de 2011

MARTINA FRON



La vecina del quinto también tiene un manuscrito






Hubo una vez un chico de Bogotá que empacó sus escasas pertenencias y sus muchos libros y puso rumbo a España. Quería ser escritor y para ello creía que debía seguir el camino de sus mayores; la madre patria y siempre e inevitablemente París. Este chico creció y escribió un par de novelas que merecieron buenas críticas y sonoros aplausos con los que regresaba de cuando en cuando lleno de orgullo a su Bogotá natal.

Con El síndrome de Ulises el Señor Santiago Gamboa se doctoró como autor. En esta novela retrató como nadie este síndrome que castiga a los emigrantes. París no es bella y luminosa sino gris y subterránea y en los rincones más inhóspitos poblados de seres derrotados descubrimos de la mano de Gamboa la lucha y el amor por la vida y los sueños.

Siete años después y ya no queda nada de El síndrome de Ulises, y menos de aquel muchacho. Desde entonces Santiago Gamboa descendió al infierno literario. Pocos autores en tan escaso tiempo han dinamitado una prometedora carrera. Sus libros se despojaron de ritmo y frescura, se hicieron oscuros, incomprensibles, caóticos.

Este año la editorial Mondadori publicó su última novela, Plegarias Nocturnas. No merece que me extienda más allá de medio párrafo. Infumable, ilegible, insoportable y así hasta el infinito. Una pastiche imposible. La Colombia de Uribe, prostitución en Japón, diplomáticos en la India, matrimonios de conveniencia en Irán. Ni la peor de las telenovelas. Me temo que Gamboa ya no sabe ni distinguir un buen tema y su pluma ha perdido toda fuerza.

Mondadori, chequera en mano, ha ido despojando a diversas editoriales de autores clave. Belén Gopegui de Anagrama, Edmundo Paz Soldán de Alfaguara. Un juego legítimo que es la oferta y la demanda y que lamentablemente en la literatura conserva toda su fiereza. En ocasiones Mondadori se me asemeja a un ganador de lotería que no sabe que hacer con su dinero; compra y compra y compra y cada vez con menos criterio.

Si de verdad Mondadori confiara en el valor de Santiago Gamboa le aconsejarían reposar como un buen vino y esperar a otro año. Ambos saldrían ganando.

SOFÍA CASTELLANOS

lunes, 14 de mayo de 2012

El bueno del Sr. Krugman





Pasan los años y uno descubre que, aunque se cree leído y viajado, sigue siendo igual de naíf. Estudiamos sesudos libros, inteligentes columnas, escuchamos brillantes discursos y ante una carencia de solvencia intelectual identificamos como héroes a sujetos que no lo son.

La culpa no es de ellos sino de nosotros mismos. Muchas veces rehusamos hacer un análisis profundo y aceptamos como buenas, opiniones que coindicen a grandes rasgos con las nuestras.

Paul Krugman, Premio Nobel de Economía del año 2008, es venerado y odiado a partes iguales. Es la conciencia incómoda de un país tomado hasta hace pocos años por los neoliberales/neocon, y hoy en día es también el Pepito Grillo del Presidente Obama al que reprocha no haber adoptado todas las medidas económicas y sociales que prometió en la campaña presidencial.

Krugman argumenta que ante momentos de depresión, que no recesión, como este el Estado no puede reducir sus inversiones al mínimo. Con sus argumentos sacude las conciencias hablando de generaciones perdidas, del drama de los desempleados y llama a la acción en lugar del estudio. Su última obra, ¡Acabad ya con esta crisis!, entona el mismo discurso. En ella aporta aparentes soluciones para que el primer mundo pueda salir de la mayor crisis económica de la historia.

Krugman es un divulgador excelente que logra hablar a los ciudadanos de tú a tú, e intenta hacerles partícipes al explicarles con claridad prístina lo que está detrás de la economía y la política. Algunos periódicos saludaron el lanzamiento de este libro como el acontecimiento literario del año. Ciertamente es un texto muy interesante que no deja indiferente pero que no aporta nada nuevo a lo ya dicho en sus conferencias y artículos.

¿Pero qué sucede cuando uno se encuentra con el Krugman de carne y hueso? ¿Cumple las expectativas? ¿Después de escucharle hablar uno piensa: sí, ciertamente es un Premio Nobel tanto en el papel como en la calle? Lamentablemente no. Sin negar la brillantez de muchas de sus propuestas es positivo reconocer que no es un gurú intocable.

Hace una semana publicó en The New York Times un artículo sobre Argentina. En él alababa las medidas económicas de Cristina Fernández utilizando datos de dudoso origen para basar su análisis. La información provenía del Instituto Nacional de Estadísticas argentino, organismo poblado por Kirchneristas que juegan con las cifras a su antojo. Es tal la manipulación del Instituto que la revista The Economist ha rehusado seguir haciendo uso de sus estudios.

El Premio Nobel aprovechó su editorial para hacer una loa al régimen argentino cuestionando las críticas y denunciando una persecución al país latinoamericano. Insensato es lo mínimo que se me pasó por la cabeza.

Al día siguiente de la publicación, esa Evita del siglo XXI con orgullo de madre y de lideresa leyó la prosa de su amado Paul al pueblo argentino. El pasado lunes por circunstancias de la vida su camino y el mío se cruzaron. Y cuando tuve la oportunidad le pregunté su opinión sobre la lectura de su texto en el parlamento y si pensaba que era correcto que el gobierno se negara a pagar una indemnización justa a Repsol por la expropiación de YPF. Dos metros entre él y yo, pero ni la distancia ni mi miopía me impidieron percibir como su mirada me taladraba.

El periodista que moderaba el evento le pidió que pusiera al público en materia. Como buenos americanos no sabían de qué hablaba. El bueno de Paul se revolvió en la silla y con un golpe de muñeca declinó el ofrecimiento y decidió que, cual enamorados, nos olvidáramos del mundo.

¿Para qué informar sobre un suceso que sus compatriotas no iban a respaldar? Parte del pueblo estadounidense es ahora más tolerante con el socialismo, pero el comunismo sigue siendo el gran mal que ha de ser erradicado. El señor Krugman no es tonto y sabe que difícilmente podría justificar desde su cátedra de universidad de Ivy League su apoyo a un régimen populista que expropia propiedades sin dar nada a cambio.

¿Qué respondió él? Sinceramente esperaba que me convenciera con tres ideas brillantes que me sacaran de mi error, que su dialéctica me dejara boquiabierta y sentirme avergonzada por haber cuestionado a un Premio Nobel. Pero ese hombrecillo valiente se limitó a repetirme de carrerilla la lección aprendida, aportando los mismos datos imprecisos. Eso sí, entre dientes afirmó que su editorial no era un texto de apoyo al régimen. ¿Sobre la indemnización? Ni pío.

El afamado profesor se defendía diciendo que no se podía responsabilizar del uso que de sus palabras hicieran los políticos, pobre académico. Ja. Todo ello de boca de un Premio Nobel del que la economía y la política siempre han ido de la mano.

El querido Paul  es un imprudente, lanza mensajes llamativos que luego no se atreve a defender en público. Esta misma semana gritaba a los cuatro vientos desde la comodidad del púlpito que la única solución para Europa es la salida del euro. Parece que el galardón sueco no va acompañado de un sentido de responsabilidad. Después del revuelo causado quiso matizar sus palabras cuando después de mi pregunta se le acusó de imprudente. El señor Krugman, por lo bajini, como se hacen las confesiones, dijo que obviamente, lo lógico era renegociar el déficit.

¿Pero qué vende más periódicos? ¡Pues claro que aplaudir las incómodas bondades de Argentina y anunciar el apocalipsis europeo!

Y también venderá muchos libros porque son buenos, oye, y hasta bonitos.

Pero cuando se baja de su púlpito no puedo dejar de pensar en un sujeto irresponsable y en la caída de un mito.

Link al evento donde Paul Krugman habló, cual Umbral, de su libro y de otras muchas cosas: http://www.youtube.com/watch?v=AvPRtw7SX_s

SOFÍA CASTELLANOS

domingo, 13 de mayo de 2012

Tú, yo y todo(s) lo(s) demás



Se lo jugó todo a una carta y resultó ganador. Un padre, un hijo, una enfermedad, la muerte. Un paso en falso y caes en el precipicio. Marcos Giralt Torrente ha lograr domar sus recuerdos. No son impersonales y tampoco plañideros.

Difícil papel el de espectador de una historia que es la tuya. Aunque debo confesar que a ratos esta confesión novelada se hacía repetitiva y me parecía escuchar una larga retahíla de disculpas. En otras oía el incesante tecleo de un reportero buscando palabras con las que rellenar un hueco.

Es un gran diario, un ejercicio de honestidad, pero también una novela imperfecta que hubiera necesitado un poco más de distancia y quizá menos páginas.

Es difícil que al leer Tiempo de vida uno no piense en la relación con sus padres, y que quiera ver en el ajuste de cuentas de otros lecciones para su propia vida.

Alguien dijo que este libro nos hace un poco más sabios; no sé si más sabios pero sí más reflexivos. Sólo por eso merece la pena leerla.

Tiempo de vida de Marcos Giralt Torrente, publicada por Anagrama, ha sido galardonada con el Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero y con el Premio Nacional de Narrativa.


Tiempo de vida, Marcos Giralt Torrente
Anagrama, 2010


SOFÍA CASTELLANOS

sábado, 12 de mayo de 2012

El mayor regalo



¿Existe mayor acto de generosidad que acompañar a un ser amado hasta la muerte? ¿Entender que cualquier reclamo egoísta debe quedar de lado y es más, acceder a no estar presente en ese momento?

Es sin duda de las vivencias más duras e intensas que puede experimentar cualquier ser humano y en mayor medida, si de quien nos despedimos es de tu nuestro propio hijo.

Hay personas que no tendrían horas en el día, páginas en blanco para poder expresar la magnitud del regalo que uno hace a quien previamente ha regalado vida. A Tomás González le han bastado 144 páginas para dejarnos sin aliento. Sin aliento.

Durante la recién clausurada Feria del Libro de Bogotá la revista Granta presentó un nuevo número, Colombia. Sus armas ocultas, que nombraba a Tomás González como uno de los grandes autores colombianos.

Las clasificaciones muchas veces no logran los objetivos perseguidos. En listas como estas se ignora a autores que no necesitan presentación y se incluyen a otros que no merecerían ir ni en los créditos. En este caso el error radica en no haberle dedicado la edición por entero.

Probablemente nadie en Latinoamérica maneje como él las palabras y los silencios. 

Así es Tomás González. Lo justo, lo preciso, lo perfecto.

La luz difícil, Tomás González
Alfaguara, 2011


*Incluimos la portada de la edición colombiana no solo porque es donde primero se publicó este título, sino porque esta imagen transmite con mayor acierto el mensaje de La luz difícil.


SOFÍA CASTELLANOS

La eterna adolescencia





Nueva York se está desgastando; los miles de pares de zapatillas de adolescentes confusos que vagan por sus calles han hecho que el asfalto pierda el brillo característico que se podía ver desde el otro lado del charco. Sabemos que la historia siempre se repite, que casi nunca votamos al hombre apropiado y que Holden Caulfield era un niñato hipócrita.

Los homenajes literarios son algo muy correcto y que gusta mucho, sobre todo si el autor idolatrado no va a quejarse porque está muerto y  su personaje más conocido mató parte de la inocencia de muchas generaciones. En el fondo no deja de ser como una reunión de Alcohólicos Anónimos; "Hola, me llamo Peter Cameron y yo también me enamoré del egoísta de Holden".

James Sveck, el protagonista de Algún día este dolor te será útil, vive sus dos meses de verano antes de ir a la Universidad con inmensa angustia. Extremadamente sensible, temeroso de todo lo que le rodea, elitista, y con una familia y una psiquiatra disfuncional, James se ahoga continuamente en esa falla insalvable que hay entre el pensamiento y la expresión; la terapia del adolescente se convierte en la única manera de entender sutilmente su apática figura y, a la vez, en la mejor parte de la novela. El resto, lo de fuera, es una historia simpática, frívola, que provoca un par de sonrisas pero que no acaba de llevarse bien con las reflexiones profundas de James hacia el funcionamiento del mundo. Qué ironía la de Cameron.

Al final, lo que queda, es una historia que se lee con más ganas al principio que al final, como una cerveza barata en un día de muchísima sed, y el poso que deja, propiciado en parte por las frases de Salinger en la contracubierta, es el de una ligera y conocida resaca.


Algún día este dolor te será útil, Peter Cameron
Libros del Asteroide, 2012

MARTINA FRON

viernes, 11 de mayo de 2012

Y tan lentos




¿Qué queda de esos tiempos en que Doña Beatriz de Moura con un golpe de melena declaraba desierto su premio, y ancha es Castilla? Pues me temo que poquito y cuando el Señor Lara aposente sus barbas en el Consejo, aún menos. No me entendáis mal, Años lentos es una novelita agradable, de esas que te acompañan en una tarde de domingo pero que a mí al menos me dejó fría, impertérrita y con cierto ojiplatismo ante la ocasión perdida. 

Aramburu, escritor de la casa, tenía un tema brillante y unas primeras páginas que invitaban a frotarse las manos y que se quedaron como triste prólogo de la novela que nunca fue. 

El terrorismo en el País Vasco destrozó familias, dividió barrios, sepultó generaciones. De la mano de Aramburu podríamos habernos sentado a la mesa de la tía Maripuy, y no sentirnos como vecinas fisgonas que silenciosas se asoman al hueco de la escalera.

Una lástima. Otra vez será. 

Años lentos de Fernando Aramburu es la novela ganadora del VII Premio Tusquets Editores de Novela (2011).


Años lentos, Fernando Aramburu
Tusquets, 2012


SOFÍA CASTELLANOS

Estocolmo - Madrid - Estocolmo






Estocolmo 1879, Madrid 2012. Pocas veces las distancias y los tiempos se han acortado tanto.

Arvid Falk podría ser un indignado español. Los banqueros que pueblan sus páginas misteriosamente se asemejan a los nuestros, suplementos culturales que se venden por dos anuncios (¡Oh! ¡Cuánta coincidencia!) y pseudoculturetas de medio pelo que fingen un talento que está más allá del mundo de los egos. 

Pocas novelas retratan con tanta agudeza e ironía la complejidad de la sociedad, de arriba a abajo, de la derecha a la izquierda, de las grandes empresas a la cultura, al mundo obrero. Esta es la novela más actual que he leído sobre la crisis. Una crisis política, moral, intelectual; la crisis total. 

El Stringberg dramaturgo, irónico, mordaz y descreído montó en 400 páginas una gran obra teatral. El parlamento, edificios donde viven pobres e inmigrantes, una junta de accionistas de una compañía vendedora de humo e ilusión, el salón rojo… Mil rincones para un retrato desesperanzador e imprescindible. 

El salón rojo de August Strindberg, novela clave de la literatura sueca de finales del siglo XIX, ha sido publicada por la Editorial Acantilado este año.

SOFÍA CASTELLANOS

La importancia de llamarse Eugenides




La brillante niña rubita Lisbon no saltó por la ventana por culpa de sus padres fanáticos; suicidarse le pareció la opción más digna al descubrirse tremendamente vulgar.  Las protagonistas de los libros de Jeffrey Eugenides podrían ser una suerte de ángeles de Charlie de colegio de monjas; más listas, más desvalidas, a la larga más peligrosas.


Eugenides presentó su tercera novela, The Marriage Plot, lanzando un órdago a la prensa estadounidense; él quería escribir una historia a la manera de Jane Austen. Lo malo que tiene el 2000 es que nos ha hecho creer que los convencionalismos sociales ya están todos rotos; el amor libre es esa cosa hippie de los sesenta, pero los tríos sentimentales son patrimonio de la humanidad. Qué más da que la acción sea a principios de los 80 en Brown, la inmunidad diplomática e intelectual en la que un estudiante se matricula en la universidad es una asignatura obligatoria.

Si Las vírgenes suicidas es su novela más sórdida, y Middlesex la más sorprendente, The Marriage Plot es la más intelectual. En una época en la que los universitarios estadounidenses organizan su vida en torno a la filosofía de Derrida, los vértices del trío deciden aprovecharse de ella cuando les conviene. A Madeleine la semiótica la vuelve práctica pero Leonard la hace romántica. Mitchell ve en Madeleine a su particular Virgen María autopervertida por su condición de niña bien. Leonard prefiere no ver más allá de su cínica ciclotimia, mientras no deja que Madeleine piense por sí misma. Por qué lo llaman sexo cuando quieren decir amor.

Queda preguntarse cuánto hay de autobiográfico en esta novela; Detroit aparece una vez más como escenario importante de la historia, sonando a motor de coche y a niños bebiendo refresco en la calle, quitándose la botella de la boca para silbar las piernas de cualquier niña guapa que vaya llorando por la calle. Tan listo es Eugenides, tan perspicaz, que ha construido toda su obra en torno a la cuadratura del círculo; mientras las niñas buenas van al cielo y las malas están en todas partes, sólo él parece saber por qué las niñas bien nunca saben dónde ir.


The Marriage Plot, Jeffrey Eugenides.
Publicada por Farrar, Straus and Giroux en 2011 (EEUU).
Premio del Salon Book Award (Ficción) 2011.


MARTINA FRON 

Principio de incertidumbre



"Siempre he creído que todos somos escritores por encargo: por encargo de las musas, por encargo de nuestra conciencia civil, por encargo de nuestros sueños de infancia, por encargo del jefe de redacción, por encargo de nuestras hipotecas, por encargo de quienes tienen autoridad sobre nosotros para hacernos encargos. Por encargo del amor. De manera que por ti, mi amor, yo escribiría lo que fuese".


Los reinos de la casualidad, Carlos Marzal
Tusquets (2005)