sábado, 29 de diciembre de 2012

Tres noches





La venganza se sirve en plato frío y si uno es suficientemente inteligente, ha de hacerse cuando los recuerdos han envejecido y el ajusticiado, desconcertado, no puede explicarse el origen del golpe. Nada es gratuito y las cicatrices, más que recordar un sufrimiento pasado, exigen comportamientos que las honren.

Estas dos historias de Tres noches son la misma, con distintas variables pero que exigen idéntica justicia para la víctima e idéntico dolor para el victimario. No es el corazón roto de Edward o la violencia que arrasa con Toni. Es la constatación de que la vida ideal no existe: ni príncipes azules ni doncellas sin mácula. Y que muchas veces despojados de falsos sueños, transmitidos por otros, se es más feliz en la desgracia y en un día a día que atenta contra todos los cánones establecidos.

El road trip de Toni sacude al lector, que lee diagonalmente las páginas en busca de un final, que en el fondo no ansía. Pero la convencional tristeza de Susan logra igualmente captar la atención en un mundo de vallas blancas y periódicos empapados por los aspersores.

Edward sabe jugar con sus gráciles marionetas, unas lágrimas aquí, un poco de congoja allá. Pero habiendo podido cerrar su particular teatrillo de ajusticiados, dejó que la acción enloqueciera y que sus personajes se hicieran dueños del escenario.


Tres noches, Austin Wright
Salamandra, 2012


SOFÍA CASTELLANOS

martes, 25 de diciembre de 2012

Los pájaros amarillos




Estados Unidos no tiene vidas suficientes para lamerse sus heridas. Un imperio en decadencia que todavía sigue buscando que dentro de sus fronteras jamás se ponga el sol.

El sueño americano de muchos jóvenes es hoy una quimera, el dorado es hacer un petate y alejarse de pueblos en ruina, casas prefabricadas atestadas de miserias humanas e institutos donde graduarse es garantía de supervivencia. Y aún tienen que dar gracias al Tío Sam por haberlos señalado “I want you”, por hacerles saberse los elegidos y por proporcionarles el honor de defender las barras y estrellas de una bandera que nunca ondeó para ellos.

Robert Stone, Heller, Tim O’Brien hablaron de un país poco generoso con sus héroes. Ciudadanos de orden que rehúyen a los mendigos con placas metálicas que dejaron la juventud y la cabeza en países que no saben situar en un mapa.

Powers poeta, Powers soldado, Powers el que presenta el antes y el después de combatientes anónimos que vuelven más despedazados que los que regresan en ataúdes metálicos. Jugar con el horror no es tarea fácil, una bomba, un tiro en la nuca y el lector aprieta los ojos. Pero qué queda después de una breve detonación, de los gritos, del aturdimiento, de la rabia, del triunfo. Después de todo eso, la arena del desierto busca, y encuentra, el camino hasta los nevados alfeizares de Virginia.

Los afectos disfrazados por el miedo, los recuerdos que impiden volver a la vida y encajar de nuevo en ese mundo, otrora, familiar y rutinario. La pérdida de la ilusión y de los sueños. La trasformación de seres anodinos en seres aniquilados para seguir subsistiendo. Todo ello con promesas de sentirse héroes al final de la aventura.

Hay que salir de ese mundo con los ojos cerrados para no quebrarse con ellos y desafiar al futuro, en el que morir es algo que deciden los fuertes.




Los pájaros amarillos, Kevin Powers
Sexto Piso, 2012


SOFÍA CASTELLANOS

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Lo mejor que nos dio 2012




Martina Fron y Sofía Castellanos suelen estar siempre de acuerdo, sobre todo si hay alcohol de por medio y hay que criticar. Pero llega el fin del mundo, el fin del año y cada una tiene que elegir sus libros favoritos, publicados en este 2012. Estas dos mujeres de mal vivir y lengua viperina no quieren hablar de los 12 del 12, dicen estar ya hartas de horteradas.  O sea que cada una, como viene siendo habitual, ha hecho lo que le ha dado la real gana.


MARTINA FRON -


Los que sueñan el sueño dorado, Joan Didion
Mondadori, 2012


Siempre hemos vivido en el castillo, Shirley Jackson
Minúscula, 2012


Naturaleza infiel, Cristina Grande
RBA, 2012 (Reedición) 


Casi amor, Ugo Cornia
Periférica, 2012


La mansión, William Faulkner
Alfaguara, 2012


Las personas del verbo, Jaime Gil de Biedma
Galaxia Gutenberg, 2012 (Reedición)


Matate, amor, Ariana Harwicz
Lengua de Trapo, 2012


SOFÍA CASTELLANOS -


Las fuentes del afecto, Maeve Brennan
Ediciones Alfabia, 2012



 Los peces no cierran los ojos, Erri de Luca
Seix Barral, 2012


 Hace cuarenta años, Maria Van Rysselberghe
Errata Naturae, 2012


 Amor, ira y locura, Marie Vieux-Chauvet
Acantilado, 2012


Buda en el ático, Julie Otsuka
Duomo, 2012


 ¿Eres mi madre?, Alison Bechdel
Reservoir Books, 2012


La luz difícil, Tomás González
Alfaguara, 2012


Los pájaros amarillos, Kevin Powers
Sexto Piso, 2012


Stoner, John Williams
Baile del Sol, 15 de diciembre de 2011


La muerte de Virginia, Leonard Woolf
Lumen, 2012


Tres noches, Austin Wright
Salamandra, 2012

Una soledad demasiado ruidosa, Bohumil Hrabal
Galaxia Gutenberg, 2012


Aprender a rezar en la era de la técnica, Gonçalo M. Tavares
Mondadori, 2012


Peking by Night, Svetislav Basara
Minúscula, 2012


Nostalgia, Mircea Cārtārescu
Impedimenta, 2012


Hotel del norte, Eugène Dabit
Errata Naturae, 2012


La liebre con ojos de ámbar. Una herencia oculta, Edmund de Waal
Acantilado, 2012

viernes, 14 de diciembre de 2012

All you need is pop - Harry Benson



Y llegó un día en que alguien, del que será fácil averiguar el nombre pero queda mejor así, señaló al fotógrafo escocés Harry Benson y le ordenó recoger la cámara, preparar una mochila y hacer cosas que no se hacían. Tú, Harry Benson, serás el fotógrafo de la gran e inigualable gira americana.
 Era 1964 y ellos eran The Beatles.




Batalla de almohadas en el hotel George V en París, 1964


The Beatles componiendo, París, 1964



The Beatles y Cassius Clay, 5th street Gym, Miami, 1964



John Lennon, Chicago, 1966


Paul McCartney en el escenario



 La relación de Benson con The Beatles se mantuvo tras la separación del grupo. Siguió fotografiándolos en contadas ocasiones, sobre todo en la intimidad.



Paul McCarntey y una pequeñísima Stella McCarntney, Los Ángeles, 1975



Concentración por el asesinato de John Lennon en Central Park, Nueva York, 1980



Las fotos de Benson han aparecido en medios tan prestigiosos como The New Yorker, Life, Vanity Fair y People. Durante los años sesenta y principios de los setenta fue testigo de grandes acontecimientos sociales, como el nacimiento del Ku Kux Klan, la lucha de Marthin Luther King, el asesinato de Robert Kennedy (se encontraba tan sólo a unos pocos metros) y, años más tarde, su cámara fotografió el gran desastre del Katrina y los restos del 11S.


                                       
                                 
                                                 John Fitzgerald Kennedy, París, 1961



Una madre del Ku Kux Klan acunando a su hijo en 1965




Asesinato de Robert Kennedy en el Hotel Ambassador, en Los Ángeles, 1968


Los restos del World Trade Center, el 12 de septiembre de 2011


Pero si por algo se ha caracterizado Harry Benson es por haber sido un gran retratista. Para su cámara han posado, entre otros,  Elizabeth Taylor, Truman Capote, Andy Warhol, The Rolling Stones, Kate Moss, Michael Jackson, Brad Pitt y Andrew Wylie.



Gerald Ford, 1974



Jack Nicholson, Montana, 1975



Jamie Wyeth, Bianca Jagger, Larry Rivers y Andy Warhol, 1977



Bob Guccione, 1984



Valentino, 1984



 En 2009 recibió el título de Comandante del Imperio Birtánico en reconocimiento a toda su carrera.




El beso, Berlín, 1996 
( All you need is love)



A Cubierta recomienda:

The Beatles: On the road 1964-1966
Taaschen

Harry Benson: Photographs
powerHouse Books 2009


MARTINA FRON 


martes, 11 de diciembre de 2012

Juventud americana



Los pequeños oasis de Estados Unidos se encuentran en estados liberales y prósperos cercanos a las costas, lejos de desiertos de nombres hispanos. Más allá de suburbios de postal, de malls-ciudades o de familias obesas que sonríen para la foto en el servicio dominical. Y es que “América” es pasto perfecto para las mil confesiones que se aprovechan de una nación temerosa de dios como pocas.

Más allá de todo eso hay estados que votan a favor del matrimonio homosexual, de la legalización de la marihuana y hasta se atreven a elegir a un candidato socialista. Los descreídos se reconcilian en esos rincones con un pueblo vilipendiado y dividido. El mismo país que admiró y criticó Tocqueville. Hoy, su omnipresente bandera intenta tapar sin éxito demasiadas heridas sangrantes.

New Hampshire: A sus catorce años Teddy LeClare protagoniza una tragedia a la misma escala que las de sus mayores. Es suficiente con un disparo. La recesión que arrasa con el estilo de vida americano, las armas, el alcohol, la supremacía blanca, y amores que no por adolescentes producen detonaciones de menor tamaño.

LaMarche con un guion de serie redondea una trepidante novela que impulsa la lectura en busca de otro nuevo episodio. La cabeza de Teddy, el tambor de una pistola, se convierte en la nuestra propia.

Juventud americana es música, televisión, escritores beats y cuentos de Carver. La globalización de las soledades y tragedias ha hecho que esa juventud ya no sea exclusivamente estadounidense. No se debe olvidar que cuando los padres lloran las crisis en el salón, en los cuartos los hijos rumian penas y angustias heredadas.


Juventud americana, Phil LaMarche
Anagrama, 2009


SOFÍA CASTELLANOS

jueves, 6 de diciembre de 2012

Stoner - Ojo, no es lo que parece



No, no, no. Eso decía a mi pobre librero cada vez que acercaba a mí un libro con la más espantosa de las cubiertas que pedía a gritos ser envuelto, como poco, en papel de periódico. Me lo tendía una y otra vez y yo daba un paso atrás como si me fuera a morder. Lo cogí entre el pulgar y el índice, y arrugando la nariz, comencé a leer la contra.

Mal empezábamos: que si se sublime, que si magistral decía Rodrigo Fresán. Ay, no, la prostituta más promiscua de la crítica española. Lo mismo le da Vizcaíno Casas, Juan Manuel de Prada o perjurar que él siempre creyó en el valor de Mo Yan. Pero ya era tarde y Gonzalo, mi librero, con su paciencia infinita, también tiene un hogar. A la bolsa. Por la noche lo metí debajo de una manta, no quería que su azul fosforito me fuera a deslumbrar.

Después de la consabida cuarentena, y sin forro de por medio, me tragué mis dudosos principios estéticos.


¿Se puede reprochar a alguien no querer luchar por su felicidad?

William Stoner es ese ser gris y anodino con el que compartimos oficina o portal y con el que si nos cruzamos por la calle, no atinamos a ponerle un lugar ni un nombre. Pero también es Stoner a quien muchos nos querríamos parecer cuando nuestro tiempo esté por acabar.

Una simple narración de la vida de un profesor universitario de la América más profunda, lejos de Harvard o demás templos de refinamiento social e intelectual. La huida del campo, el descubrimiento de las letras, de que el amor no es lo que nos juran, y de que al final nuestras decisiones son solo nuestras. Sin reproches ni cabezazos en la pared por las oportunidades perdidas.

Stoner no aceptó los avatares de su vida por cobardía, sino por una profunda convicción que le decía que las cosas habían de ser de esa manera. Y que donde pudiera y le dejaran, podría construir su minúscula felicidad. En el ático de una granja, en un oscuro despacho o en un porche en ruinas lejos de la única mujer que había amado.

Hacía tiempo que un personaje no adquiría la categoría de inolvidable, que lograra transmitirme con esa intensidad su sufrimiento, y que me urgiera a dejar la lectura para coger aire. La valentía entiende más de reflexiones y silencios. Al final he resultado ser yo mucho más cobarde que el anodino y gris Stoner.


P.D. Es hora de hacer listas y de dar premios; decir que Stoner es mi número uno de este año no es hacerle justicia, ni lo es tildarla de sublime o brillante. Simplemente es una obra maestra.


Stoner, John Williams
Editorial Baile del Sol, 2011



SOFÍA CASTELLANOS